Grave: daños del Irízar son peores. Sólo queda el casco

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En una reunión que se llevó a cabo el jueves pasado salieron a la luz las primeras evaluaciones -aún sin datos numéricos-de los daños que tuvo el Irízar: son más serios de lo que se apreció en los días posteriores al arribo de la nave a la base de Puerto Belgrano. El comandante del rompehielos, capitán de navío Guillermo Tarapow, había dicho que salvó 85 por ciento de la nave pero en rigor ese porcentaje quedó desvirtuado por una realidad: el tiempo que insumirá la reparación se estiró de los dos años enunciados por el jefe naval Jorge Godoy, a un lapso más extenso que nadie se anima a precisar. También surgieron las pérdidas científicas: toda la producción de conocimiento de la campaña 2006-2007, más equipos electrónicos en bodegas, dos laboratorios completos (uno húmedo y otro seco), la totalidad de las muestras refrigeradas, notebooks con información sistematizada de investigaciones oceanográficas y equipamiento de personal de varias bases antárticas.

El Estado Mayor Conjunto (EMC) había convocado a todos los involucrados en la actividad antártica: representantes de la Cancillería, funcionarios del Ministerio de Defensa y componentes de las tres Fuerzas Armadas. Presidió la reunión el general de división Daniel Oscar Camponovo, comandante operacional del EMC, cargo que surgió del nuevo ordenamiento jerárquico de la pirámide militar. El tema central fue la planificación y desarrollo de la campaña antártica 2007-2008 y las proyecciones para las venideras, con un dato inamovible: no habrá rompehielos. El general Camponovo tomó la información que es ya una emergencia no declarada: se necesitarían más de dos años para poner nuevamente en servicio el navío antártico, eso en el escenario más optimista. Y emitió la «Orientación del Comandante Operacional del Estado Mayor Conjunto para la campaña 2007/2008».

Como el Presupuesto nacional debería hacer frente a un número importante para reparar el Irízar, Camponovo ordenó medidas de ahorro a las tres fuerzas en su orientación. Entre ellas: reducir al máximo los consumos de ítems críticos (combustible), reducir al mínimo las dotaciones de las bases con dependencia militar, consi derar la no operación de bases temporales, no considerar personal (n.r: para enviarlo el próximo verano) que no esté involucrado con las actividades propias de la campaña antártica y evitar esfuerzos logísticos para nuevas instalaciones.

En ese encuentro multisectorial también se conocieron más realidades preocupantes, por caso, que los tres helicópteros Súper Puma del Ejército requerirían casi 10 millones de dólares para su puesta a punto. Y que la Armada no posee repuestos de Sea Kings ( helicóptero semipesado) para poner en servicio el único aparato en vuelo. El incendio del hangar del rompehielos se llevó más de la mitad del stock de repuestos para esas aeronaves y la única turbina de reemplazo.

  • Puntos neurálgicos

    Con el rompehielos a oscuras, amarrado en la base naval de Puerto Belgrano, varios equipos de peritos navales sostuvieron que el incendio afectó puntos neurálgicos, el alma del buque, son los cableados eléctricos, sistemas de control, circuitos hidráulicos, de comunicaciones, toda la parafernalia de elementos de control aéreo que asiste el vuelo de los helicópteros, sin contar lo que se supo desde un principio: la quema de motores generadores.

    Para esos especialistas una cosa es el casco y la superestructura del buque cuya reparación es hasta cierto punto simple, se trata de soldar y enderezar chapa, y otra muy distinta el complejo conexionado interno con sus equipos. «Es como si alguien se queda sin cerebro y sistema nervioso», graficaron los expertos. Julio César Urien, el presidente del Astillero Río Santiago, ex infante de Marina echado de la Armada en 1972 por organizar una rebelión interna y reincorporado por Néstor Kirchner, prepara su staff de técnicos y operarios para recibir al Irízar en dique seco. No habría otra alternativa para su reparación porque los talleres de la base Puerto Belgrano están congestionados con el programa de mantenimiento de los buques de la flota de guerra. Antes la Justicia Militar tiene que liberar la nave pues aún está en proceso el sumario para deslindar responsabilidades dentro de la cadena de mandos del rompehielos y averiguar si el incendio fue una falla técnica o hubo negligencia o impericia en la operación del navío.
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