Un cuadro casi cotidiano en los últimos días: las protestas de estatales por reclamos salariales. Ayer comenzaron a encuadrarse en el marco de negociaciones frente a una fuerte presión del gobierno. Sólo persisten algunos focos alentados por sectores ultras.
A las 15.30 de ayer, una asamblea de trabajadores del Hospital Garrahan decidió levantar el paro que había retomado la tarde del miércoles cuando otra asamblea decidió continuar con las medidas de fuerza después del fracaso de las negociaciones en el Ministerio de Trabajo. Los enfermeros aceptaron ir a una paritaria. Para ello fue necesario una fuerte presión del gobierno -24 horas los ministros Alberto Fernández, Aníbal Fernández y Ginés González García- y las organizaciones gremiales madre -CGT con Susana Rueda y ATE con Pablo Micheli- para que la comisión interna aceptara la propuesta oficial de un incremento de 300 pesos sobre el básico en lugar de 70 por ciento.
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Con el levantamiento de esta huelga que contenía un alto grado de conflictividad por la repercusión social que lleva implícito todo acto que afecte a la salud de cientos de niños de todo el país, en su mayoría de origen humilde, el gobierno vio cómo la ola de conflictividad gremial que preocupó a principios de la semana comenzaba a atenuarse. No en vano, el propio Néstor Kirchner analizó durante la mañana con su ministro de Trabajo, Carlos Tomada, el cuadro de situación gremial a raíz de las demandas salariales. Tomada le informó al Presidente sobre la evolución de los conflictos en el Garrahan y en la empresa LAFSA, donde grupos internos generalmente volcados a la izquierda de sus propias conducciones gremiales o por intereses sindicalesno respondían a los llamados de conciliación e intensificaban el enfrentamiento. Fuentes del gobierno informaron lo ya adelantado por los ministros Fernández y González García, y la cegetista Susana Rueda sobre las motivaciones políticas de los paros. Por lo pronto, la presión comenzó a dar sus frutos: ayer, los recolectores de basura de Avellaneda que había «sublevado» Pablo Moyano -hijo de Hugo- retomaron el trabajo y los empleados de LAFSA esperan, ahora, la propuesta de la Secretaría de Transporte. Claro que aún subsisten algunos focos rebeldes, como los neuquinos de la cerámica Zanón que protestarán por la privatización de la planta frente a un juzgado comercial, y los hospitalarios del Teodoro Alvarez (Flores), Durand (Caballito) y Gutiérrez, además del Posadas de Haedo y el Ramos Mejía (Once).
De todos modos, tanto Rueda como otros jerarcas sindicales plantearon el reacomodamiento salarial. Desde el arco gremial opositor al gobierno se dispararon frases como éstas: «Esta política salarial no va más», dijo Andrés «Centauro» Rodríguez de UPCN durante el banderazo salarial que unos 25 gremios del sector públicohicieron frente a la Secretaríade Industria y Comercio. Rodríguez contradijo a Roberto Lavagna sobre que los aumentos de sueldo no generan inflación y comprometió a la CGT de los «gordos» a acompañar los reclamos de los estatales.
Tampoco en esta puja faltaron las críticas de Luis Barrionuevo. El gastronómico enfrentado largamente a Kirchner emprendió contra Tomada. «No tenemos ministro de Trabajo», se despachó y pidió un reacomodamiento de los salarios del orden de 27% a 30%. Desde el extremo ideológico opuesto, reapareció Víctor De Gennaro, uno de los desairados del kirchnerismo. El «pope» de la CTA (Central de Trabajadores Argentinos) que agrupa a ATE, el gremio de los empleados públicos, con mayor cantidad de conflictos, desparramó su condimento ideológico y culpó del retroceso salarial a «la concentración de riqueza en pocas manos, el hambre, la desocupación y la falta de un perfil productivo».