5 de enero 2009 - 00:00
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Imagen de "The Wall Street Journal".
El Banco Central de Argentina culpa a los "especuladores", considerando a cualquiera desde ciudadanos comunes, que almacenan monedas, hasta a Maco, la compañía privada de transporte de efectivo que re-empaqueta el cambio reunido por las compañías de colectivos para revenderlo a un interés del 8%.
Pero esas explicaciones suenan falsas. El "mercado negro" no existiría si las monedas fueran fáciles de conseguir en primer lugar. Después de todo, los argentinos podrían de la misma manera acaparar hojas de afeitar o cajas de fósforos. Sin embargo, no hay escasez de estos artículos. ¿Qué hace tan especial a las monedas?
Como el gobierno argentino hoy, el gobierno británico no podía terminar con la escasez de monedas. Sin embargo, la falta de monedas de hecho finalizó, gracias a la acción del sector privado. Hartos de la inacción gubernamental, las grandes empresas británicas comenzaron a acuñar sus propias monedas. En el lapso de una década, una veintena de casas de monedas privadas acuñaron más monedas que la Real Casa de la Moneda había emitido en medio siglo.
Si Argentina quiere finalizar con la escasez, debería no sólo aceptar la acuñación privada, sino aprobarla. Esto se puede llevar a cabo eliminando cualquier riesgo de abuso a través de una reglamentación muy sencilla. Debería permitir a cualquier empresa emitir monedas marcadas, quizás sujetas a algunos requisitos mínimos de capital, mientras deja bien en claro que nadie jamás necesita aceptar cualquier moneda emitida en forma privada, inclusive como cambio por la compras.
Esta ley podría ser todo lo que se necesita para resolver la escasez de monedas, mientras impediría que cualquiera obligara a la gente a aceptar dinero en el cual no confiara. Cualquiera excepto el Banco Central de Argentina.


