Menos joyas. El poder ya lo tiene

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Una semana movida en la vestimenta presidencial. A diferencia de la anterior, Cristina de Kirchner eligió modelos diferentes entre sí, abandonó el clásico tailleur en colores pasteles -su comodín en las últimas semanas de febrero-y se animó a colores y modelos más modernos. Eso sí, lo más importante, conservó el mismo peinado: cabello suelto moldeado por el efecto del brushing, con raya y flequillo al costado. Signo de estabilidad emocional a pesar de los disturbios políticos que la acosaron.

Tampoco cambió el maquillaje, siempre cargado, en la paleta de los marrones, una gama que combina bien con la mayoría de sus vestimentas (aunque no convendría el abuso; todos los tonos oscuros acentúan y endurecen las facciones del rostro). Al respecto, opina el diseñador Laurencio Adot: «Debería tener un grupo de asistentes, conformado por modistos, maquilladores y peinadores, que la asesoren permanentemente durante todo el año, y la ayuden a depurar su look, y le den diferentes opciones a la hora de elegir cuál usar. Por ejemplo, que le muestren distintos maquillajes para cada vestimenta, así varía». Quizás olvida que la señora no es una estrella de cine preparándose todos los días para una producción. De todas formas, el experto en moda se proclamó a favor del look que impone la Presidente: «Mejoró bastante. Es fiel a su estilo que es clásico, fuerte, inteligente, y audaz. Es una mujer de gran carácter, imponente, luchadora, y esto lo transmite en su vestimenta». Y él mismo reconoce ahora el lugar que ella ocupa: «No tiene la obligación de marcar una moda, es la Presidente, no una modelo y se viste sólo para ella».

Sin embargo, se sabe que Cristina de Kirchner sigue de cerca las tendencias de la moda mundial, y cuida con fervor su estética y apariencia. De hecho, persiste en no repetir las prendas. «Debería darse ese permiso, porque es frívolo no hacerlo», afirma el especialista Adot.

El diseñador confesó a este diario que «le sugeriría a Cristina el uso de prendas que marquen siempre el talle, porque tiene una buena figura. Si yo la vistiera, jugaría con una línea más sensual y no sexy. A su vez, necesita géneros y modelos más dinámicos y cómodos. La sobriedad debe regir en su vestimenta de la misma forma que en la política».

Se le pidió a Adot un repaso de la ropa utilizada por la mandataria en la última semana, empezando por el conjunto brillante, en blanco que exhibió en el Congreso el día que inauguró las sesiones parlamentarias. Casi una réplica del modelo utilizado en la jornada en que asumió.

  • Consejo

    Dice Adot: «El blanco le da luz, pero yo le aconsejaría que vaya más hacia el tono manteca y los pasteles, le quedan mejor». Para esa ocasión clave eligió también el color de la pureza para un tapadito de mangas largas, entallado en la cintura, con cuello de solapas amplias, con dos grandes botones de perlas grises en la delantera, el que se combinó con una falda recta a la rodilla, y una blusa de gasa mangas tres cuartos, casi transparente, con escote en pico y ribetes de seda, con un solo botón en la cintura y una musculosa ajustada al tono. «La combinación de texturas le sienta, por eso es una fórmula que repite», asegura Adot. Completó el look casi angelical con su infaltable reloj Rolex y anillos de oro amarillo.

    El lunes -en cambio- reapareció en escena con un traje color lavanda bordado con lunares rosados. El saco mangas tres cuartos de cuello amplio con solapa redonda y botones rectangulares engamados, demasiado ajustado, revelación obvia ya que al sentarse le marcaba arrugas en los hombros. «Es un defecto, pero no tan importante. El largo que eligió para las mangas es ideal, ya que afina los brazos y también fue acertada la elección de la falda lápiz, que es un corte que estiliza», la disculpó el experto. Los zapatos -probablemente de Claud Bernad o Ricky Sarkani, sus preferidos- también al tono del traje, cerrados y como siempre estiletos. «No se juega por cosas estridentes. Por eso, el calzado es del mismo color que sus atuendos. En este plano opta siempre por lo seguro», completa Adot. Esta vez reapareció su ya conocida gargantillade oro blanco y amarillo, que simula ser una soga con un nudo conocido usualmente como «de horca». El maquillaje, extremadamente oscuro, completó el sobrio aspecto. «Este es el look que más me gusta para ella. Cristina apuesta a la fórmula típica del tailleur, tapado, falda recta y vestido a la rodilla. Son modelos que la favorecen», entiende el especialista.

  • Contraste

    El martes optó por el contraste de colores: eligió un vestido blanco con escote semirrecto, sin mangas, de corte evasé a la rodilla, y una chaqueta entallada, azul Francia -uno de los más usados en la última temporada- con estampado floreado en marfil, de escote in cuore y ribeteada en el cuello, las mangas y la delantera en raso del mismo tono. El detalle de las presillas en vez de botones, le otorgaban un aire moderno a un modelo de saco clásico. «No soy partidario de los estampados. Debería usar más las mezclas monocromáticas, entre las paletas de los azules y grises con colores claros», opinó Adot. ¿Lo tendría en cuenta?

    Un detalle final: optó por un collar de dos vueltas con perlas y piedras azules y unos pendientes de oro con brillantes, con influencias art nouveau, que hubieran lucido mejor con el rostro despejado, sin tanto maquillaje y con el pelo recogido. «Sería mejor que no luciera joyas tan cargadas, sobre todo de día. El poder ya lo tiene, no lo debe demostrar con estos detalles», arriesga el consejero estético.
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