Nace polémica: Chirac reniega del descubrimiento de América por Colón

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El presidente francés, Jacques Chirac, generó una gran polémica con algunos adelantos del libro "El desconocido del Elíseo", que prodiga confesiones sobre su vida política y personal, y que el sábado saldrá a la venta en Europa.

El texto que huele a testamento y que se perfila como el próximo "best-seller" francés, es un alarde inédito, en el que Chirac habla de su trayectoria, sus compromisos, sus pasiones, sus amoríos y, por primera vez, de la enfermedad de su hija primogénita, Laurence, "el drama de mi vida".

Y en especial, reaviva el gran debate sobre quienes fueron los primeros europeos en llegar a América. "No fue Colón quien descubrió América, sino los vikingos, y cinco siglos antes (...) y tuvieron la elegancia de destruirse ellos mismos", afirma.

Sobre la presencia española en América dice: "No siento admiración por esas hordas que fueron a destruir". Y agrega que la llegada de Colón "no fue un gran momento de la Historia". Indica también que las autoridades españolas lo invitaron varias veces a participar en la celebración de ese acontecimiento y recuerda que incluso una vez le llamó el rey Juan Carlos, "sorprendido" por su actitud.

Escrito por el periodista de izquierdas Pierre Péan, el libro "L'Inconnu de l'Elyssée" llega tres meses antes de que Chirac deje de ser oficialmente presidente de la República francesa, el próximo 16 de mayo, tras doce años en el cargo.

Suena a ceremonia de adiós y es el resultado de doce entrevistas cara a cara entre Péan y Chirac, y de muchas llamadas telefónicas entre los dos hombres, que totalizan 30 horas de conversaciones.

Debutaron el 1 de julio de 2006 y concluyeron el 14 de enero pasado, el mismo día que el ministro de Interior y presidente de la UMP era sacralizado candidato al Elíseo por su partido conservador.

Treinta horas en las que Chirac dejó caer algo de su coraza, pero lo suficiente para que este personaje "humano, cultivado, cercano, franco y honesto", conquistase a Péan.

El escritor había sorprendido en 1994 con "Une jeunesse français", una biografía de François Mitterrand trufada de confidencias del entonces presidente socialista francés.

Como ya hiciera Mitterrand, Chirac se confía también a Péan y esa es la gran fuerza de este libro sobre alguien que lleva cuarenta de sus 72 años en las primeras filas de la política francesa.

El libro, cuyo lanzamiento ayer por Fayard de una primera tirada de 125.000 ejemplares sólo es equiparable al fenómeno literario de Michel Houellebercq, repasa la carrera política de Chirac, que es jefe del Estado desde 1995 y que con anterioridad fue jefe de Gobierno, ministro y alcalde de París.

Habla, por primera vez, de la enfermedad de la mayor de sus dos hijas, Laurence, quien intentó suicidarse en varias ocasiones y que ahora está "vigilada 24 horas sobre 24".

"Ha sido y es el drama de mi vida. Tengo una hija que era inteligente y bonita, y que a los 15 años cayó en la anorexia mental (...) Es verdaderamente el problema de mi vida y sobre todo el de mi mujer (...) Para mi, es algo muy doloroso. Las células del cerebro resultaron afectadas. No puede y no quiere hacer nada", confiesa.

Los reveses de la política y el desprecio con el que le tratan muchos articulistas no son nada en comparación: "me dan igual", asegura Chirac, quien elogia a su esposa, Bernadette, por "el mérito extraordinario" de haberse preocupado de que ese problema le afectase "lo menos posible" en su carrera.

No desmiente su fama de mujeriego al asegurar que no ha "detestado a las mujeres", pero puntualiza que tampoco ha "abusado".

"Hay algunas que quise, lo más discretamente posible",indica, pero subraya, "para que quede claro", que "jamás" se le pasó por la imaginación dejar a su mujer.

Hijo único, Chirac se muestra especialmente afectuoso con la memoria de su madre, a la que "quería mucho" y la cual le mimó "enormemente", frente a la de su padre, un hombre estricto.

Pero el grueso de sus irás se dirigen contra un político de su quinta, el incombustible líder ultraderechista francés, Jean-Marie Le Pen, cuyas ideas siempre le han producido "alergia".

No oculta, por contra, su fascinación por Mitterrand, un hombre "muy inteligente y cultivado".

Se define de un temperamento no vanidoso y espera que se le recuerde por su defensa del diálogo y respeto a las diferentes culturas, una postura que le hace chocar con la tendencia de los estadounidenses de querer "imponer siempre su punto de vista".

El unilateralismo y la "ilusión" de que el modelo occidental es exportable están abocados al fracaso, advierte, y dice que la estabilidad mundial pasa por arreglar las crisis en Oriente Medio.

El liberalismo es igual de "peligroso" que el comunismo y llevará a los "mismos excesos", por lo que también fracasara, predice.

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