Ahorraba para una bicicleta pero decidió donarlo a los bomberos voluntarios

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Mauricio Cifuentes, un niño de la localidad neuquina de Centenario, decidió donar sus ahorros a los bomberos voluntarios, en vez de comprarse una bicicleta.

La historia de la semana claramente es la de Mauricio Cifuentes, un niño de nueve años que se volvió una celebridad en la localidad de Centenario, provincia de Neuquén, por haber donado todos sus ahorros a los bomberos voluntarios, luego de que escuchó que la institución realizaba una colecta para comprar nafta para los vehículos con los que apagaban las quemas de pastizales en la ciudad.

Según contaron desde el medio LM Neuquén, la idea sorprendió tanto a los padres de Mauricio como a los bomberos que lo vieron entrar en el destacamento. “Nos sorprendió mucho porque él viene ahorrando desde hace meses con el objetivo de comprarse una bicicleta para fin de año”, aseguraron Natalia y Fernando, padres del pequeño.

Los incendios provocados por la quema de pastizales
Mauricio decidió donar sus ahorros a los bomberos voluntarios de su pueblo en lugar de usarlos para comprarse una bicicleta, como tenía planeado.

Mauricio decidió donar sus ahorros a los bomberos voluntarios de su pueblo en lugar de usarlos para comprarse una bicicleta, como tenía planeado.

Debido a esto, los padres buscaron asegurarse que Mauricio estaba seguro de la decisión que había tomado, a lo que les respondió: “El trabajo de los Bomberos que salvan vidas es más importante que comprarme la bicicleta. Eso puede esperar”.

“Nosotros no tuvimos nada que ver con su intención. Surgió de él. De hecho insistió durante varios días para que lo llevemos a la guardia de los bomberos”, admitió su madre que también aseguró con orgullo: “Yo pensé que se iba a olvidar, pero una de las tardes que estábamos yendo a vender las latas agarró su plata y me pidió que lo lleve”.

La iniciativa fue tomada muy bien con los bomberos de Centenario y la historia llegó a otros destacamentos que decidieron mandarle saludos especiales al pequeño de nueve años. “Se le caen las lagrimas cuando escucha los saludos”, reveló Natalia.

Varios de los bomberos voluntarios aseguraron ver en el pequeño un gran potencial como futuro colega, aunque por ahora solo pasa su tiempo jugando a la pelota con amigos y disfrutar del pueblo con tranquilidad, sabiendo que los bomberos tienen un poco más de recursos para seguir cuidándolo.

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