30 de junio 2005 - 00:00

Pelé mezcló fútbol y críticas a Lula

Francfort - «La gente de Brasil está más desilusionada con Lula de lo que sale en los diarios. Todos esperaban que un partido nuevo en el gobierno, como el PT, haría las cosas diferente a los anteriores, y ahora estalla este escándalo de corrupción... Pero se ve que la corrupción es estructural en nuestras culturas y no tiene nada que ver con las ideologías. Usted me pregunta si por las exigencias que pone la FIFA para organizar mundiales, éstos ya no irán a países pobres. Esto es verdad, pero también lo es que con lo que roban nuestras dirigencias políticas podríamos organizar no una sino diez copas como la que hará Alemania en 2006.» Empresario, vocero de Master-Card en todo el mundo, incansable firmador de autógrafos a pesar de admitir estar golpeado por el encarcelamiento de su hijo por tráfico de drogas, Edson Arantes do Nascimento sigue siendo Pelé. «Tengo una oficina en Nueva York y otra en San Pablo que cuida y comercializa la marca Pelé, pero debo admitir que como jugador me fue mucho mejor que como empresario.» Se refiere, claro, a su fallida sociedad con su amigo Helio Vianna, a quien ni siquiera nombra. «Esa sociedad me costó casi todo lo que había ganado en mi carrera futbolística; ahora sólo tengo para que mi familia viva bien, sin problemas, pero debo seguir trabajando.»

• Pronóstico

Y es así entonces que, como parte de las actividades organizadas por la emisora de tarjetas que representa, el (¿segundo?) mejor jugador de todos los tiempos conversó extensamente con periodistas latinoamericanos. Lo curioso es que lo hizo en el sexto piso del Arabella Sheraton Hotel de esta ciudad, pocas horas antes de la final de la Copa Confederaciones. Un piso abajo estaba toda la delegación argentina, durmiendo la siesta y velando las armas para el partido de la noche local contra Brasil. Pelé, diplomático, pero no tanto, pronosticó una victoria del «timao». « Argentina y Brasil son muy parecidos en la técnica, pero no en la táctica. Los argentinos siempre defendieron mejor, pero llegarán cansados a la final por el tiempo extra contra México.»

Casi en broma, Ambito Financiero le pregunta si no está harto de que le pregunten quién fue mejor, Maradona o Pelé. No deja la diplomacia de lado, pero se permite una ironía: «¡Claro! Pero yo les respondo a mis amigos argentinos que primero deben decidir quién es el mejor jugador argentino de todos los tiempos, porque algunos dicen Sívori y otros Distéfano. Después de que decidan quién fue el mejor argentino, podrán discutir quién fue el mejor del mundo...» Y se ríe con la inmensa carcajada -de la que Ronaldinho es justo heredero- y que le ha ganado al equipo brasileño el favoritismo de los públicos de todo el mundo.

• Economía

Sin embargo, la risa se le borra rápido cuando se le pregunta por Edinho: «Lo sucedido con mi hijo me duele, claro, pero él ya es grande, tiene su familia, y uno hace por los hijos todo lo que puede hasta un cierto punto. Yo voy a seguir apoyándolo en todo lo que pueda, pero ahora está en manos de la Justicia».

En relación con la economía de los mundiales recuerda que el de 1994 en Estados Unidos «no le costó un peso a los contribuyentes, lo pagaron las empresas privadas. Sé que es difícil lograrlo en nuestros países, pero le repito: si nuestros dirigentes políticos dejaran de robar, nos sobrarían los recursos para hacer magníficos mundiales y muchas otras obras que el pueblo necesita. El tema económico, de todos modos, es algo muy serio y habrá que ver si Brasil está en condiciones de organizar la Copa 2014».

Después de eso, lo habitual en estos casos: los interrogadores se metamorfosean en fans, hacen cola para sacarse una foto junto al ídolo y frente al logo con los colores de MasterCard, llevan camisetas brasileñas y pelotas con el logo del Mundial 2006 para que las firme y las dedique (alguna periodista mexicana le pide tantas rúbricas que alguien le pregunta si no se está olvidando a algún vecino del barrio: Pelé, imperturbable, sigue autografiando y preguntándole cómo se escribe cada nombre). El rito termina, la rueda de prensa se dispersa, Pelé baja y se cruza en el ascensor con gente de la delegación argentina; les desea suerte y sale por la puerta principal. Lo espera una limusina estacionada sobre la avenida Konrad Adenauer, y que ya está llena de alemanes con la camiseta argentina, esperando la salida de la Selección. Lo ven; lo reconocen, se abalanzan sobre él y le piden autógrafos. Veinte minutos más tarde seguía firmando...

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