Pintura contemporánea sube 700% en dólares en 5 años

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Kikí de Montparnasse murió en 1953 en la miseria. Fue modelo y amante de Pablo Picasso, Chagall, Foujita y Van Dogen, entre otros grandes pintores. Posó e hizo el amor por 10 francos. Hoy, los cuadros con su figura se venden en millones de dólares.

En la época más plena de Kikí, los años 20, en Montparnasse abundaban los bohemios y estaban ausentes los inversores, que hicieron del arte el negocio más rentable desde que terminó la Segunda Guerra. Hay índices que muestran que sólo en los últimos cinco años la pintura contemporánea subió más de 700% en dólares.

La llegada de los fondos de inversión en obras de arte ha cambiado la imagen idílica de este mercado: ahora, en los barrios más bohemios, abundan las galerías de arte y siempre hay un financista cerca. Los artistas acuden a ellos para que vendan y les den valor a sus obras.

El galerista Daniel Maman ve en este momento la oportunidad de apostar a los pintores argentinos. «Cotizan muy barato. A igualdad de talento, se vende más alto un artista de Brasil.» Por eso su estrategia apunta a expandir Galería Daniel Maman Fine Art a otros países. Este año inauguró en Punta del Este, está por instalarse en Brasil mientras piensa en Miami y Madrid. En Miami, hizo un convenio con uno de los arquitectos estrella para que los cuadros de los artistas que promueve sean parte de la estética de las paredes de los departamentos que aquél construye. Así, edificios de Donald Trump tendrán cuadros argentinos.

  • Admiración

    Para Maman, un marchand debe conocer de arte, pero también de finanzas. Admira el marketing de Guillermo Kuitca. «En los 80 se compraban sus cuadros por 800 dólares, hoy valen 250 mil.»

    En tanto, Ignacio Gutiérrez Zaldívar define a este momento del arte con un consejo: «Si yo tuviera 30 años, compraría arte chino, va a cotizar mucho en el futuro».

    El marchand dice que «los chinos compran arte chino, no entienden a Occidente. Por eso, las grandes galerías del mundo están captando a los artistas jóvenes de ese país».

    «En la Argentina, hay arte para todos los gustos y bolsillos. Nosotros tenemos 1.200 obras que valen menos de $ 10 mil y se venden en cuotas. En los próximos diez años, los consumidores de arte se van a multiplicar por tres», afirma. Mucho ayudó el «corralito» a que haya más gente invirtiendo en arte. La Galería Zurbarán, que dirige Gutiérrez Zaldívar, confecciona un índice sobre la base del valor de 50 pinturas. En treinta años, de acuerdo con el indicador, el precio de las obras de arte creció a un promedio de 12% anual en dólares.

    Otro indicador reconocido es el Mei-Moses Fine Art Index, que lleva el nombre de sus creadores, dos profesores de la Universidad de Nueva York que se dedicaron desde 1950 a medir los resultados de las subastas de Sotheby's y Christie's, que concentran más de 70% de las ventas internacionales. Según el indicador, la pintura superó a los bonos y a la mayoría de los indicadores de acciones. Mucho debe haber influido en el índice el día de 2005 cuando Christie's remató obras por casi 160 millones de dólares.

    La aparición de los financistas trajo ingenio para elevar la cotización de la pintura. En la Argentina, Eduardo Costantini fue innovador. Compró en 3 millones de dólares «Autorretrato», de Frida Kahlo, porque quería pagar una cifra récord. No fue un delirio: la operación le reportó un enorme prestigio en el mercado del arte, a un costo menor que una campaña publicitaria. Pero lo más importante fue que hizo crecer el valor de la pintura mexicana que Costantini había comprado en silencio, y buena cantidad, antes de Frida. Esa pintura quintuplicó su valor en dólares. La estrategia la repitió en Brasil con «Abaropu», de Tarsila de Amaral. «Sin la aparición de Costantini, esos cuadros hoy no cotizarían como cotizan», admite Gutiérrez Zaldívar.

  • Vida apasionante

    Frida Kahlo es un ejemplo del marketing. Para cualquier entendido en arte, Diego Rivera es un pintor de más jerarquía que la que fue su amante y discípula, Frida. Pero la vida de la mexicana fue más apasionante. Este detalle sólo lo ven los operadores en inversiones. Es difícil que alguien ajeno al mundo de las finanzas se hubiera animado a imitar a Costantini.

    Mauro Herlitzka, presidente de ArteBA, recuerda que en 2001 los precios del arte bajaron, «pero igual se hicieron operaciones». «Hay una clase media que puede hacer resurgir el arte en la Argentina.»

    Coincide en que los pintores argentinos cotizan por debajo de los de otras latitudes. «Hay que participar en exposiciones bienales, salir al exterior, hay que difundir el arte argentino por el mundo.»

    Herlitzka explica que los precios que se pagan hoy en los remates muestran que «hay nueva gente en este mercado».

    Sobre China, Herlitzka advierte que «es un ofertante y demandante de calibre. En los próximos 10 años, se crearán mil nuevos museos en China». Un dato: en 2000 las ventas de arte en China sumaron 100 millones de dólares; en 2005, superaron 1.200 millones. Christie's ya decidió organizar subastas en Beijing.

    ArteBA es hoy la única gran exposición del país. En Latinoamérica, México y Brasil son los líderes; la Argentina está lejos.

    La Bienal de San Pablo es una muestra de cómo los brasileños viven el arte. En Brasil hay coleccionesprivadas que se comparancon las mejores de Europa o los Estados Unidos. El brasileño es el que más arriesga cuando compra arte contemporáneo, porque aman lo nuevo. Los marchands brasileños llevan a sus artistas a Basilea o a ArtBasel en Miami.

    En México, los coleccionistas eligen arte moderno. Los jóvenes ricos, o los herederos de coleccionistas, tienen la estética de lo nuevo.

    En cambio, en la Argentina, los coleccionistas tienen perfil bajo. Saben que en el país se castiga al exitoso y se confunde la colección de arte con ostentación.

    Los «art funds» compran obras de arte asesorados por expertos y cada año venden 20% de las obras. Con lo que recaudan, compran nuevas obras. El aumento del precio de estas obras le da valor a la cuota parte que aporta cada inversor. Hay un plazo predeterminado para liquidar el fondo y vender todas las obras.

    El cambio sustancial es que antes el arte era un tema de apasionados, donde el valor de la obra era lo de menos. Hoy, junto con los apasionados, están los asesores de inversiones para quienes todo detalle cuenta, incluso acaparar la obra de un pintor o hacer cálculos sobre su edad, antes de comprar. Los que están más cerca del final de su vida cotizan más.

    Los grandes inversores miran el Art Market Research, creado en 1985, para orientarse en la evolución de los precios, aunque no hay un índice exacto: el arte es imposible de medir.

    Según el índice Artprice, después de la estrepitosa caída de los valores de la pintura en 1992, el mercado comenzó a recuperarse en 1997 y, desde ese momento hasta hoy, subió más de 700% en dólares. Hoy, la obra de los grandes impresionistas es difícil de encontrar en el mercado. Por eso el auge de los modernos.

    Las casas de remate facturaron más de 6 mil millones de dólares el año pasado y sus ventas crecen a un ritmo de casi 40% anual en los últimos dos años.

    En España el arte está de moda. Los bancos españoles en este momento desarrollan fondos de inversión que seducen a los españoles tanto como los de renta fija. Algunos prometen ganancias de 11% anual en euros. Los ahorristas que ingresaron a este mercado están contentos: el año pasado 50 jóvenes artistas cotizaron sus obras por encima de 100 mil euros y dieron valor a los fondos que apostaron.

    Hacia esos fondos confluyen los que invierten en inmuebles o petróleo. El arte es inversión, y no hay «corralito» que lo atrape.

    Pero hay que tener cuidado: el arte es volátil. Se puede ganar y perder, pero sólo se cuentan las historias ganadoras. No hay que tener más de 5 a 10% de la cartera de inversiones en arte. Y al igual que cuando compra bonos se consulta al operador, en arte hay que hablar con los expertos que conocen los currículum de los pintores. Además, hay que pensar que es una inversión a largo plazo. La ventaja es que, mientras tanto, se puede disfrutar de la obra.
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