30 de octubre 2006 - 00:00
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Lionel «Buster» Crabb marcó una época en
la armada británica por sus arriesgadas
misiones e inspiró al escritor Ian Fleming
para la creación del mítico James Bond que
tantas veces interpretó Sean Connery.
Rápidamente se lo dio por muerto, aunque el entonces primer ministro británico, Anthony Eden (1897-1977), declaró ante el Parlamento que «no iría en beneficio del interés general» desvelar las circunstancias del fallecimiento.
Además, Eden reveló que la operación se efectuó «sin autorización o conocimiento de los ministros de Su Majestad», es decir, sin su permiso, de ahí que despidiera al jefe del MI6, John Sinclair.
La escasa voluntad del gobierno para esclarecer el suceso dio rienda suelta a infinidad de rumores sobre el destino de Crabb: unos decían que seguía vivo y residía en Rusia como oficial de la marina soviética, mientras otros argüían que lo asesinaron los rusos.
Quince documentos confidenciales divulgados en los últimos días por los Archivos Nacionales del Reino Unido, con sede en Kew ( sudoeste de Londres), prueban el interés de las autoridades en tapar la verdad.
WH Lewin, jefe de Royal Naval, escribió después de la enigmática desaparición: «Si esto se descubre (...), sería algo que no cuadraría muy bien con nuestra declaración de que Crabb había estado fuera de la armada durante un año hasta el momento de su muerte».
Según la línea oficial del Almirantazgo británico, Crabb fue «especialmente empleado en relación con unas pruebas de ciertos aparatos submarinos».
Resulta interesante otro legajo en el que el acompañante de Crabb en aquella misión, un capitán de corbeta anónimo, dice haber ayudado a «Buster» de forma «no oficial». «Sus actos (los de Crabb) hasta que desapareció bajo el agua fueron normales y las condiciones para el buceo eran buenas. Ya no volví a verlo...», relata el capitán de corbeta.
El 9 de junio de 1957, el cadáver decapitado de un buzo con las manos mutiladas apareció flotando en aguas de la isla de Pilsey, no muy lejos de Portsmouth, y un juez forense abrió una investigación.
Otra evidencia del encubrimiento oficial del suceso emana del hecho de que la Royal Navy evitó que el anónimo capitán de corbeta testificara ante el magistrado y en su lugar envió al oficinista George William Bostock para representar al Almirantazgo.
Uno de los escritos publicados por los Archivos Nacionales deja claro que Bostock «no sabe nada de los antecedentes de la historia y no será capaz de responder a preguntas embarazosas...».
Finalmente, el juez sentenció que el cuerpo correspondía a Lionel Crabb, pese a que su novia, Pat Rose, negó tal extremo, si bien otra amiga del desaparecido, Sidney Knowles, declaró que el cadáver, al igual que «Buster», presentaba una cicatriz en la rodilla izquierda.
Tras conocerse el contenido de los documentos secretos, Lomond Handley, uno de los pocos parientes de Crabb aún vivos, ha exigido «la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad» sobre el caso.
«La gente -reclamó Handley- merece saber qué le ocurrió a un hombre que sirvió a su país con honor e integridad.»




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