11 de enero 2006 - 00:00

Simplemente es objetivo

Fernando Ruiz, autor de«El señor de losmercados».
Fernando Ruiz, autor de «El señor de los mercados».
Los «mercados» no tienen «señor» sino gente que sólo respeta a una muy apreciable «señora», que se llama «la ganancia». Son operadores, inversionistas o informantes. Un diario como Ambito Financiero entra en la tercera de esas categorías, informantes. Que lo haya hecho mejor y como el más destacado es fruto de circunstancias. Por caso haber sido fundado y concretado por quienes han sido por años, como periodistas, caminadores diarios de la City porteña -de sus despachos, recintos y hasta «cuevas»- e inversores circunstanciales. Que, simultáneamente, conocen empresarios y lo son como editores, aparte de hombres de prensa especiales que nunca tocaron «de oído» sino con base universitaria en Economía. También que tuvo la suerte del momento adecuado para surgir y el ser un diario rentable casi desde el inicio. (No hay real independencia en prensa bajo apremios de dinero para subsistir.) Y algún mérito personal sumó, claro.

Pese al título entonces de «El señor de los mercados» un libro que salió a venta en estos días de Fernando Ruiz y cuenta 25 de los 29 años de vida del diario Ambito Financiero condensa una historia con bastante realismo y objetividad.

• Historia

El autor me entrevistó sólo 15 minutos y le dije que no creo en historias-gancho de biografías «no autorizada» (para lo que se publique y no agrade) y «sí autorizada» para elogios. Ruiz me pidió sólo facilitarle colecciones de Ambito, algo no negable desde ya. Me agregó -y efectivamente es así- que no iba a ser una «biografía de Julio Ramos», aunque algunas referencias debía tener, sino indagar la historia del diario y su influencia en los últimos 25 años -hasta 2001 y la crisis- en el avance de la economía del país. Lo mismo hizo en otra de sus obras sobre medios cuando contó, a su manera, la historia del diario «La Opinión», de Jacobo Timerman. Midió de ese medio su influencia pero, en ese caso, en la vida política nacional desde 1971 a 1977, en que se cerró. Ambito le demandó más años de descripción y es lógico: después de «Clarín» y «Crónica» ( mientras estuvo bajo su creador Héctor Ricardo García que lo fundó en 1964) Ambito Financiero es el diario que más persistió en la vida pública argentina en los últimos 60 años.

• Coherencia

Nunca analicé, como se tomó el arduo trabajo durante años este catedrático Ruiz, de la Universidad Austral, ni releí qué se escribió en Ambito en un cuarto de siglo. Lo que leí en este libro suyo fue como informándome. Me agradó conocer que le mantuvimos una línea coherente sin « borocotismos» y esto dista de ser común en la prensa argentina. Lo que el diario expresó para cada época, frente a cada gobierno, es coincidente con lo que se escribe hoy. En el azote inflacionario, en los años '80, y sobre los métodos posibles para combatirlo y sus posibilidades de éxito, por ejemplo, hasta podrían tomarse del libro los conceptos y reproducirlos hoy para el mismo azote constante con los precios en este año 2006, donde se empieza a entender por qué «la convertibilidad» eliminó durante una década la inflación de la mente de los argentinos y hasta dio avances anuales negativos (en 1999, 2000 y 2001).

A diferencia de los políticos -que fundamentalmente hablan y se pierden sus voces- los periodistas dejan en papel escrito y en colección de diarios lo que sostuvieron. Para algunos ha sido un karma, pero leyendo este libro para
Ambito Financiero no.

Obviamente tiene datos errados pero no gravitantes. De un libro insólito de Luis Majul sobre mí, Alfredo Coto y otros llamándonos « tiburones»(?) saca Ruiz datos no reales. Jamás, como dice ese libro, entré «recomendado» como periodista a «Clarín» en 1958 por aquel radical bonachón y ex intendente de la Ciudad de Buenos Aires que fue Francisco Rabanal a quien recién conocí sólo 5 años después, cuando asumió en el municipio de Buenos Aires. Desde allí tuve una relación cercana por una casualidad que me contó: su segundo apellido, el materno, era « Ramos». Nos indagamos y nunca encontramos antepasados en común. Mucha más relación tuvimos con su hijo Rubén en cuyo escritorio fundamos
Ambito por las formas legales. Rubén Rabanal fue varios años apoderado del diario hasta su prematuro fallecimiento. Aquel libro de «los tiburones» de Majul confundió nombres y años. Entré a «Clarín» respondiendo a un simple aviso clasificado que pedía un empleado. Debe figurar en su colección ese aviso entre el 31 de mayo de 1958 y fines de ese año. El 31 de mayo me tuve que ir de la revista « Histonium», de Carlos Dellapena, apenas asumió la presidencia Arturo Frondizi.

Sin trabajo busqué en los avisos de «Clarín» y me fue bien (también por un « clasificado» entré a «Histonium»). Me hice creyente de ese método: la casi totalidad del personal y periodistas de
Ambito Financiero en toda su historia ingresaron casi siempre por avisos públicos convocantes. Hoy seguimos aplicándolo. Nunca me convencí que el parentesco, la amistad o la recomendación aseguraran las mejores inteligencias para un medio de difusión.

De Majul, con quien finalmente hice las paces tras haber andado por estrados judiciales por sus errores, también saca datos de una carta (real) que yo le acerqué como opinión a Menem cuando renuncia como ministro de Economía Erman González y en el Banco Central simultáneamente Javier González Fraga, en 1993. Lástima que el autor de «El señor de los mercados» no incluye esa carta textual en el libro de Majul, sobre todo el punto donde prematuramente le advierto a aquel presidente que se cuide mucho en el tema corrupción porque encaraba un gobierno eficiente -desde ya para mí lo fue en la década del '90- en reducir el Estado, incentivar la actividad privada, con récord en atraer inversiones internacionales (llegaron a 77.000 millones de dólares) y no podían atacarlo sino por otros flancos. Efectivamente fue por mujeres primero, luego por una Ferrari (una chiquilinada simple al compararla con las barbaridades que hoy se cometen) y finalmente por la corrupción.

El libro «El señor de los mercados», en definitiva, tiene errores menores -que yo haya descubierto- pero me parece que son más criticables, de mi parte, las omisiones y determinadas afirmaciones.

No entiende un catedrático del periodismo como Ruiz que la verdadera ética que la prensa nacional debe respetar en países como el nuestro, si quiere tener verdadera independencia y ser creíble, es cuidarse de no ser jamás socio del Estado, de aceptar sus prebendas en forma de « créditos» de banca oficial, de que le condonen deudas con el Estado, que le sancionen leyes a su medida. ¿Se entiende que hablo de «Clarín»? Que un periodista de
Ambito Financiero sea invitado por una empresa a viajar no hace a la ética verdadera. Al contrario, ayuda a formarlo al periodista en roce internacional que no siempre un diario pueda pagar. Lo mismo en cuanto a que esos periodistas de Ambito inviertan particularmente en mercados. Lo critica Ruiz pero para nosotros resultaba -y resultaimposible ser hombres creíbles que escriben sobre mercados sin haber participado nunca en ellos. Eso sí: hemos sido despiadados con quien juega primero e informa después. La famosa primicia del Plan Austral, en 1985, se tuvo una noche y se publicó a la madrugada siguiente sin ocurrírsenos postergarla para especular (el dólar subió 24%). Siempre se respetó que el lector sea el primero. No nos atrapó el «corralito» ni un peso, es cierto, pero lo habíamos venido advirtiendo durante 10 días y está aquella famosa tapa titulada « dolarícese» antes del «corralito» y sería tonto que un diario, tras decírselo a los lectores, no lo hiciera, sobre todo cuando siempre debió controlar su capital propio porque nunca vivió del Estado.

Carlos Menem se inventó a sí mismo sin deberle nada a nadie. Ni a su familia.
Ambito sólo se limitó a difundirlo en su lanzamiento desde su Rioja natal. No más mérito que la intuición periodística. Lo mismo, también en sus orígenes de vida pública con Domingo Cavallo, Ricardo López Murphy, Pedro Pou, Martín Redrado, Mauricio Macri ( mencionado en Ambito por primera vez, como ideal para conducir la ciudad de Buenos Aires) y muchos más. Inclusive al actual presidente Néstor Kirchner a quien visité e hice notas en Santa Cruz cuando casi no era conocido. Claro, no íbamos a descubrir y dar impulso a Horacio Verbitsky...

Recurrió el autor del libro sobre la historia de
Ambito Financiero a quienes se fueron con enfrentamiento del diario. Hizo bien en cotejar fuentes opuestas pero ninguna le aporta nada deleznable, aunque le dijeron falsedades. Que un periodista sancionado le haya ganado un juicio a Ambito por haber encontrado varios títulos con la palabra «cosas» no es cierto. Se lo sancionó y se fue porque « cosas» fue una única vez y no era digno de los titulares de Ambito. Otro confidente despedido lo fue por una mención comercial vergonzosa, disfrazada de información.

• Modelo

Lamentar que en Ambito Financiero se haya privilegiado la información política hasta casi ser mayor que la económica, sin descuidarla nunca a ésta, es desconocer que con 10 años sin mercado paralelo del dólar -información única y esperada por años en Ambito Financiero por la convertibilidad uno a uno llevó a profundizar la información política, además muy valorada por provenir de un diario sin ataduras económicas a ningún gobierno.

Contar y analizar los primeros 25 años de
Ambito Financiero para un catedrático de periodismo, como Ruiz, debió significarle descubrir y no lo hizo que más allá de su influencia o no en los mercados y en la Economía Ambito Financiero ha sido un diario modelo en desarrollo como empresa editora sólida, ya a punto de cumplir 30 años en este año 2006. Al ser fundado por seis periodistas en 1976, y lograr imponerse en pocos meses, lo rodeaban rumores de propietarios «de atrás» y que si no los había los « periodistas bohemios» iban a terminar llenándolo al nuevo medio de deudas. No fue así.

El diario jamás se endeudó en casi tres décadas. Soportó años de recesión desde 1998, más la terrible crisis de 2001 y la inmediata devaluación con sólo la pequeña deuda corriente de papel de impresión, sin fondos caídos en « corralito» ni «corralón», sin haber tenido nunca créditos oficiales o negocios con gobiernos. Esto era importante y alguna vez habrá que contarlo porque un ejemplo de 30 años de prensa con independencia puede servir para aprender a hacer medios sin ataduras ni dobleces a partir de saber solventarse.

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