En un giro de su negocio, las tabacaleras apuestan a productos menos nocivos

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Las compañías proponen alternativas a los cigarrillos que reducen la exposición a componentes tóxicos y son mejores opciones para las personas que quieren seguir fumando.

¿Qué tienen en común los cinturones de seguridad, el transporte eléctrico, los alimentos reducidos en grasa o sodio? El denominador común puede parecer difícil de encontrar, pero ciertamente se trata, en todos los casos, de algunas de las muchas soluciones que las industrias, los servicios y los particulares buscan permanentemente para reducir la exposición al daño y así convertir a una actividad o consumo en una experiencia más segura.

En el caso de la industria tabacalera, el giro del negocio se encamina en el mismo sentido. Según sostiene un reciente trabajo publicado por la Plataforma para la reducción del daño por tabaquismo de España, “la reducción de daños por tabaquismo se apoya en los productos que administran nicotina con o sin tabaco, pero cuyo uso no implica combustión y, por consiguiente, no supone la inhalación de humo”. Como ejemplo pueden citarse los cigarrillos electrónicos, y el tabaco calentado. En este último grupo se ubica el IQOS, producido por Philip Morris Internacional.

La Plataforma para la reducción del daño por tabaquismo de España es una iniciativa formada por médicos, catedráticos, sanitarios y científicos independientes comprometidos con la salud pública, y es miembro fundador de la Asociación Internacional de Reducción del Daño.

En su recientemente publicado Libro Blanco de la reducción de daños por Tabaquismo , los especialistas españoles indicaron que a diferencia de la creencia popular, los expertos sostienen que la nicotina no es la causa de las enfermedades relacionadas al tabaquismo. Estas enfermedades son causadas por la inhalación del humo resultante de la combustión de los cigarrillos.

Es decir que hay espacio para innovar y reducir el daño en la industria tabacalera, permitiendo que los fumadores sigan consumiendo nicotina sin que inhalen el humo de los cigarrillos.

Recomendaciones con base científica

Según los especialistas españoles, son varias las fuentes que sostienen que la reducción de los daños provocados por los cigarrillos no sólo es posible, sino que además, iniciativas hoy vigentes -como los productos de tabaco calentado- van por buen camino. En su publicación, destacan que “la agencia responsable de las políticas de salud pública en Reino Unido, Public Health England, concluyó que vapear es un 95% menos dañino que fumar”. Y agregan que esta opinión fue replicada por otro informe del Royal College of Physicians, el principal organismo profesional británico independiente que elabora recomendaciones sobre políticas sanitarias basadas en evidencias. Estos trabajos analizan el impacto del tabaquismo en la salud pública, la salud de los individuos y la sociedad, y estiman la reducción de daños esperable al cambiar el cigarrillo tradicional por el electrónico “tras revisar y analizar más de 185 referencias bibliográficas existentes hasta el momento de su publicación; no se basan pues en una única referencia”, concluyen. El 95%, explican, es una estimación obtenida a partir del análisis de todos los datos que sirven como herramienta para comunicar de manera práctica un concepto simple y entendible: “El uso de estos dispositivos ofrece a los fumadores la opción de consumir nicotina a través de un medio que les cause sólo una mínima fracción de los riesgos que asumen si continúan fumando”, en palabras del profesor John Britton, jefe de Tabaquismo del Royal College of Physicians. Tras seis revisiones posteriores del informe de Public Health England analizando toda la nueva bibliografía actualizada, estos organismos no se retractan de la estimación del 95%.

Opciones disponibles en el mundo

Con la idea de reducir el daño provocado por el tabaco, muchos países ya tomaron decisiones en términos de salud pública que llegan a recomendar el uso de productos alternativos en los casos en los que abandonar no es una opción o un deseo de las personas. Si bien la cesación sigue siendo un pilar fundamental, suman otro enfoque, justamente, la reducción del daño.

Estados Unidos, por su parte, emprendió el mismo camino en cuanto la adaptación y modernización de su política contra el tabaquismo. En agosto de 2017, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) lanzó un plan integral de mejora de la salud pública basado, por un lado, en incrementar la prevención del consumo de cigarrillos y, por otro, en asegurar que los fumadores adultos tengan acceso a productos alternativos y de menor riesgo. En esta línea, en julio de 2020 la FDA aseguró, por ejemplo, que el sistema de tabaco calentado IQOS, de Philip Morris, reduce la exposición de los fumadores a las toxinas producidas por los cigarrillos. Anteriormente, el organismo ya había autorizado el producto para ser comercializado en los Estados Unidos, considerando que es apropiado para la protección de la salud pública. En una decisión más reciente, la FDA autorizó la comercialización de una nueva versión del producto, IQOS 3, en el mercado estadounidense.

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El caso de Japón también es interesante. Históricamente, fue un país con tasas de fumadores tradicionalmente altas que, en los últimos años, fue testigo de una creciente disminución en el consumo de cigarrillos convencionales. La Ley Japonesa del Negocio del Tabaco que regula los productos de tabaco incluye los productos de tabaco calentado. La gran aceptación de estos productos en Japón hace que las estadísticas muestren que el aumento del consumo de productos de calentamiento de tabaco se correlaciona con la disminución de las tasas de fumadores en dicho país. Así, las ventas de tabaco combustible cayeron 33% desde la aparición del tabaco calentado.

El Reino Unido, por caso, puso como objetivo el 2030 como la fecha para convertirse en un país libre de humo. Para lograrlo, comenzó hace años una apuesta cuando Royal College of Physicians comenzó a recomendar a los fumadores que no lograban dejar de fumar herramientas relacionadas a la reducción de daños. Gracias a estas iniciativas, y según dicha entidad, el tabaquismo en Reino Unido pasó de 33% a 14,4% en 10 años. Así, las tasas de tabaquismo en ese país se mantienen actualmente en los mínimos históricos.

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