5 de diciembre 2010 - 08:50
Terminó la odisea: andinistas llegaron a la ciudad de El Chaltén
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Merlín Lipshitz
"Estimamos que todos estarían llegando esta noche a El Chaltén, pero en el camino hay puestos con refugio y alimentos, donde son aguardados por grupos de andinistas. Todo va bien", agregó.
Los deportistas fueron rescatados y conducidos por una patrulla desde el refugio de hielo que habían construido en el glaciar Viedma a un puesto en la zona de La Morena, al día siguiente de la muerte de Corsalini, un turista mexicano de 47 años que los acompañaba.
Corsalini estaba muy entusiasmado con la aventura y poco antes de salir de El Calafate, el viernes 26 de noviembre, subió un mensaje a Twitter: "Caminaré sin descanso unos 130 kilómetros sobre el hielo continental patagónico, estoy contento".
El grupo se proponía unir caminando el Paso Marconi con la Estancia Cristina, una travesía sobre la inmensa masa de hielo conformada por glaciares y volcanes.
Lipshitz es un guía de montaña e instructor de esquí muy reconocido en el ambiente, oriundo de Bariloche, quien junto a su esposa Marina montó en El Chaltén -donde residen casi todo el año- la agencia de turismo aventura "Mountaineering Patagonia", para guiar este tipo de expediciones y ascensiones.
Como ayudante fue Damián Vilches, un peluquero -también de Bariloche- con mucha experiencia en montaña que ya había realizado la expedición por los hielos.
Con ellos también iniciaron la expedición el turista mexicano Robert Dutilly, de 75 años, y el otro ayudante argentino, Juan Ignacio Moyano, guía de montaña de gran experiencia en esta travesía.
Pero apenas comenzada la caminata, Dutilly y Moyano resolvieron regresar al refugio de Paso Marconi y abandonar el riguroso desafío.
Sus tres compañeros habían avanzado una jornada y decidieron acampar en el Nunatak Viedma, una suerte de isla de rocas donde el martes un fuerte temporal de hielo les voló las carpas y el equipamiento, por lo que quedaron a la intemperie con lo puesto.
Lipshitz alcanzó a pedir auxilio a El Chaltén y el grupo se dispuso a esperar el rescate. Con la ropa húmeda y casi sin elementos para afrontar la contingencia, construyeron una cueva en el hielo para guarecerse de vientos de hasta 120 kilómetros por hora y una sensación térmica de unos 15 grados bajo cero.
El jueves cerca de las 13, guiados por un sistema de posicionamiento satelital (GPS), una avanzada de cuatro rescatistas -entre los que había un paramédico- ubicó la cueva y prestó los primeros auxilios a los excursionistas, en estado crítico con signos de congelamiento.
Corsalini era el que presentaba el más grave estado de salud, aunque lograron reanimarlo con los primeros auxilios.
Esa misma tarde un helicóptero de la Gendarmería Nacional llegó a El Chaltén, desde donde intentó dirigirse a los hielos para el rescate, pero el fuerte viento reinante soplaba la nieve y tornaba nula la visibilidad.
Corsalini murió el viernes, víctima del intenso frío, en tanto los argentinos emprendieron el regreso a pie y hoy, al finalizar la tarde, llegaron a El Chaltén, donde están en observación pero fuera de peligro, más allá del principio de congelamiento que Vilches sufrió en uno de sus pies.



