21 de abril 2005 - 00:00
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Horacio Rosatti
Rosua es el director del Servicio Penitenciario santafesino (e hijo del ministro de Gobierno) que culpó a «las leyes de Blumberg» por la tragedia. Benaglia es el secretario de Justicia, etiquetado por algunos como «un zaffaronista de primera hora».
La medida dispuesta por el gobierno despide un aroma político de legislativas de octubre. Es poco común que los pesos pesado de un ministerio bajen a una provincia. Aunque no es raro si se comprende que la estrategia presidencial está centrada sobre Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
Se trata, entonces, de una clara señal política. Desde el año pasado hasta los últimos meses a Obeid le enviaron 20 millones de pesos para hacer frente al tema penitenciario. Ahora le envían un «apoyo técnico». La excusa es evitar una demanda millonaria ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado, como la que se impulsó desde Mendoza por la muerte de 18 presos durante un año.
Jonás es un asesor de primera línea de Rosatti y un especialista en temas penitenciarios. Fue el que armó la arquitectura que le permitió cerrar un acuerdo con diez gobernadores para la construcción de doce alcaidías. Ese ministerio habilitó una caja de más 80 millones de pesos para estas obras.
Jonás es, además, «un duro». Un tipo del interior que conoce muy bien el funcionamiento de la Capital y muy curtido políticamente. Acaba de desactivar un conflicto con la cárcel de Devoto, después del fallo judicial que intimaba al Ministerio de Justicia a mejorar las condiciones de detención en ese penal. Jonás superó el problema firmando un acta la Defensoría de la Nación y el procurador penitenciario.
Para este caso se dispuso el traslado de 150 internos a otras unidades, en un plazo de 45 días. La emisión de un decreto de necesidad y urgencia para ampliar la planta de personal del Servicio Penitenciario Federal y el traslado a esa unidad de 50 agentes, desde otras dependencias, destinados a tareas de seguridad.




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