4 de abril 2005 - 00:00

Una conmovida oración en hebreo

Viernes, 19.30. A pesar de la implacable tormenta, unas 300 personas van llegando a la sinagoga NCI-Emanuel, en la calle Arcos. Tres chicos (dos varones de trece años, una nena de doce) están a punto de cooficiar con el rabino Ale Avruj la ceremonia del «cabalat shabat» (la bienvenida al sábado) como parte del milenario rito del «bar» y «bat mitzvah», que marcará su ingreso al mundo adulto. El viernes a la noche es, para los judíos, lo que para los católicos la misa del domingo: el momento de la semana elegido para acercarse a Dios.

A miles de kilómetros de allí, en el otro extremo del momento de la vida que atraviesan esos tres chicos, agoniza Juan Pablo II, el papa que, sin dudas ( junto con Juan XXIII), hizo más que ningún otro para reconciliar a judíos y cristianos.

Como cada viernes, y luego de entonar los salmos correspondientes al inicio del « shabat», el rabino enfrenta a la congregación desde el púlpito. Sólo que, esta vez, el mensaje del joven «rab» pone el centro en lo que por esas horas era la agonía del papa católico.

«Juan Pablo II no sólo se abrazó con el gran rabino Lau de Israel, no sólo fue el primero en visitar una sinagoga y en rezar en el Kotel (Muro de los Lamentos); su tarea de reconciliación hizo posible que hoy estemos trabajando juntos rabinos y curas para combatir la pobreza», dice Avruj.

Como todos los viernes, pide por la salud de los miembros de la congregación que están pasando por un momento difícil; nombra a cada uno de ellos, y deja para el final «un pedido especial por Karol Wojtyla, que es un ejemplo de lo que los judíos llamamos 'jasidei haamot olam', o sea, los justos de todos los pueblos del mundo. Por eso elevamos nuestras plegarias por él».

Respetuosos y conmovidos, con sus cabezas cubiertas por «kipot» (el mismo solideo que aún hoy usan papas, obispos y cardenales), los casi tres centenares de judíos argentinos reunidos para recibir el «shabat» entonan «Hashkiveinu», el salmo que le pide a Dios dormir esa noche en paz y despertarse al otro día para la vida, así como la paz para el pueblo de Israel y para todos los pueblos del mundo.

Ayer, en diálogo con este diario, Avruj dijo que
«el pontificado de Juan Pablo II es histórico por cientos de hitos, pero para nosotros los judíos el hecho de que haya puesto en palabras el perdón por milenios de persecución contra nosotros (sin entrar en complicadas cuestiones teológicas), que como polaco haya visitado Auschwitz, y en general su acercamiento a nuestra comunidad son los que más nos tocan. La pérdida de Juan Pablo II es muy dolorosa para todos los hombres».

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