11 de noviembre 2010 - 19:15
Una historia repetida: abusos y estafas en un evento multitudinario
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Los "trapitos" cobraron hasta $ 150
Concurrir al estadio de Núñez fue una odisea. Más allá del colapso del tránsito, otros factores impidieron que el público llegase en tiempo y forma a lo que debía ser una completa fiesta. Entre los taxistas una de las frases más repetida fue aquella que pretendía establecer un precio fijo para el viaje a River, aprovechando el apuro y la falta de opciones de los pasajeros.
Encontrar un taxi resultó dificultoso y a esto se sumó el la exigencia de los choferes de instaurar un monto fijo. Se negaron a utilizar el taxímetro y hasta a llevar a clientes que no realizaran un "buen viaje" (así denominaban a los más lejanos o costosos).
Una pareja relató a ámbito.com un insólito diálogo que mantuvieron con un taxista luego de vivir una aventura para conseguir un auto. Cuando el matrimonio intentó subir al coche, el conductor los frenó enseguida y les preguntó hacia dónde iban. Al responder que se dirigían al estadio de River, el taxista los increpó directamente: "Son $100".
Los entrevistados reprodujeron indignados las palabras del taxista al justificar su extorsión: "Si tienen $ 6.500 para pagar las entradas, mínimamente pueden pagar $ 100 por mi viaje".
En las calles, tal como sucede en cada show, los vendedores ambulantes también hacían su negocio. El merchandising del ex Beatle ofrecido por manteros incluía remeras de los más variados modelos cuyos precios oscilaban entre los $ 20 y los $ 40. Adentro, los puestos oficiales -donde el pago de impuestos encarece el producto, indefectiblemente- ofrecían camisetas temáticas por $ 100.
Los micros y combis que se ubicaron en inmediaciones del estadio también dejaron en evidencia la falta de control característica en este tipo de shows. Vehículos viejos, donde la gente iba parada y hacinada o coches de transporte escolar ofrecieron un deficiente servicio al público ansioso por regresar a su hogar.
Respecto a los "trapitos", el jefe de la policía Metropolitana, Eugenio Burzaco, dijo: "El problema es que la ley es pésima. Tenemos que probar que el 'trapito' extorsiona a la víctima. El año pasado se labraron miles y miles de actas, y no llegaron a juicio ni siquiera el 1%. Cambiando la norma podríamos modificar estas conductas y terminar con este negocio. Lo que tratamos de hacer es tener presencia policial. Pero la norma como está, no sirve".
En declaraciones a una radio porteña, el funcionario señaló: "En estos espectáculos masivos están organizados. Hay una fiscalía que está investigando y nosotros entregamos imágenes. Esperemos que podamos demostrar esto. En general son bandas de delincuentes".
"Ayer pusimos diez móviles. No dimos a basto. Pusimos mucha gente a actuar, pero sin poder dar solución", agregó.
Respecto a la obligación de pagarle a los "trapitos", Burzaco afirmó: "Nadie te puede cobrar por usar un lugar de libre estacionamiento. Ayer hablaba con el comisionado a cargo y me decía que los estaban corriendo, pero que no los pueden detener".
El jefe de la Metropolitana se mostró disconforme con la actuación de los legisladores porteños y aseguró: "Mandamos un paquete de medidas muy integral a la Legislatura, pero sigue sin ser aprobado. Si a uno no le dan las herramientas necesarias, no se puede actuar bien".
En tanto, de cara al escándalo suscitado, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri, instó a sus diputados a que traten un proyecto que prohíba la actividad de los cuida coches.
Ayer, 45 mil personas asistieron al recital de McCartney y la cifra podría repetirse en los próximos conciertos y en el partido River-Boca. El negocio millonario (y paralelo) que se genera alrededor de cada evento multitudinario parece no tener fin. La ausencia o el incumplimiento de la reglamentación que gira en torno a esto genera indignación, tanto entre los vecinos de Núñez, como entre los transeúntes y el público. Pero, sobre todo, despierta sospechas y dudas acerca del verdadero motivo que mueve a las autoridades a no resolver el asunto.




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