13 de octubre 2022 - 00:01

“Israfel”: el regreso del clásico moderno de Abelardo Castillo

La obra, sobre la vida de Edgar Allan Poe, será dirigida por Daniel Marcove en el Centro Cultural Cooperación.

israfel. En la versión actual, Marcove incluyó como personaje al propio autor de la obra, Abelardo Castillo.
israfel. En la versión actual, Marcove incluyó como personaje al propio autor de la obra, Abelardo Castillo.

“´Israfel´ es un viejo sueño compartido con el inolvidable Abelardo Castillo. Siempre me conmovió la historia de Edgar Allan Poe, artista y trabajador gigante con un profundo anhelo por vivir de su arte”, dice Daniel Marcove, quien estrena el viernes “Israfel”, obra dramática consagratoria del cuentista Abelardo Castillo sobre la vida de Edgar Allan Poe. Estrenada originalmente en 1966, fue protagonizada por Alfredo Alcón, Milagros de la Vega y Cony Vera, con dirección de Inda Ledesma en el desaparecido teatro Argentino de la calle Bartolomé Mitre. En 2001 la repuso el teatro Nacional Cervantes, con Rubén Stella y dirección de Raúl Brambilla.

La obra plantea situaciones imaginarias y reales que reconstruyen la vida del maestro de lo macabro, centrándose en el arquetipo del poeta maldito que opera además como alegoría del hombre contemporáneo. Con versión y dirección general de Daniel Marcove, será interpretada por Aldo Pastur, Juan Manuel Correa, Cristina Allende, Marcos Woinski, Antonia Bengeochea, Miguel Sorrentino, Diego Sassi, Mario Petrosini, Christian de Miguel, Julieta Pérez, Martín Fiorini y Ezequiel Moyano.

La música original y el violín en vivo es de Ezequiel Moyano; diseño de vestuario de Paula Molina; diseño de iluminación de Miguel Morales y Horacio Novelle; dirección de arte de Héctor Calmet y coreografía de Mecha Fernández. Se presentará los viernes a las 19 y los sábados a las 22.15 en el Centro Cultural de la Cooperación. Dialogamos con Marcove.

Periodista: ¿Qué significa para usted “Israfel”?

Daniel Marcove: Fue el primer gran trabajo de Alcón: recuerdo que él bromeaba diciendo que si todos los que decían haberla visto lo hubieran hecho de verdad él sería millonario. Fue la primera escenografía de Héctor Calmet, quien me acompaña con su dirección de arte en esta versión. La obra habla de la lucha humana para salir de la oscuridad. La voluntad, las debilidades, los sueños y las pesadillas de Poe se ponen en juego aquí como proyección de la condición humana en sí misma. El universo poético y estético del espectáculo busca la febrilidad, el delirio, la emoción y la potencia teatral que tuvo el escritor en su propia experiencia de vida. El escenario entregado a un vibrante electrocardiograma teatral. Un hondo homenaje al escritor en un ámbito ideal.

P.: ¿Cuál es la figura del escritor que construye? ¿Un juego de espejos entre Castillo y Poe como su alter ego?

D.M.: “Israfel” es una obra monumental porque hay que ubicarla en el momento en que fue escrita. La dramaturgia argentina estaba muy lejana de esas temáticas. Abelardo la escribió a los 24 años pese a que su conexión con el teatro no había sido muy frondosa. En esta versión incorporé a Abelardo como el relator del espectáculo y aparece su voz junto con las de Poe y William Wilson, uno de los personajes de sus cuentos. Claro que está la cuestión del artista en la búsqueda de su sueño, de poder vivir de su trabajo, el contexto social, político, está llena de vértices. Es una pieza que muestra al Poe esencial, inteligente y perturbado, con su enorme fuerza de voluntad en insistir con el oficio de la escritura aún en el desgarro y la desesperación de la necesidad económica. Genialidad y pobreza. Alcohol y opio. Amor y locura.

P.: ¿Cómo es la esencia de Poe desde la mirada de Castillo y cómo concibió la puesta en escena?

D.M.: En esta versión, reitero, incluí a Abelardo jugando al ajedrez. Era un gran jugador. Y se le aparece la figura de Poe, con quien siente una gran asociación en varios aspectos. No sólo la escritura, también el alcoholismo aunque Castillo decía que ambos eran dipsómanos, es decir, que podían dejar de tomar cuando quisieran, aunque cuando volvían, caían violentamente. Si hubieran sido alcohólicos, ¿cómo habrían sido capaces de escribir tanta obra en tan poco tiempo? El drama transcurre en varios ámbitos pero yo la alojé en una única taberna. Por allí galopa su vida trágica, dolorosa, lo que en algún lado lo emparento con otro personaje que llevé a escena, Vincent van Gogh. Son seres suicidados de la sociedad, que tuvieron vidas trágicas y no pudieron disfrutar de la maravilla de su arte y las consecuencias que tuvieron sus obras. Poe es el poeta y cuentista más grande de la historia. Hay matices difíciles de describir, en realidad creo que el teatro es una botella al mar que el público recibe y saca sus propias conclusiones. La obra deja muchas preguntas latiendo.

P.: ¿Cómo fue el proceso de la puesta? Los cortó la pandemia.

D.M.: Íbamos a empezar a ensayar el 18 de marzo de 2020 y todo se interrumpió. El elenco fue leal durante este tiempo para llegar al objetivo. Y la pandemia me produjo una gran revisión y valoración del pasado. Llegamos a una sala hermosísima como es el CCC, que cumple 20 años. Más allá de sus exquisitas condiciones técnicas y expresivas, se trata de un espacio en el cual, desde sus orígenes, conviven la poesía y el teatro.

P.: ¿Cómo fue su relación personal con Castillo?

D.M.: Yo iba a dirigir Israfel en 1995 en el Cervantes pero no se pudo hacer por falta de presupuesto. Desde allí construí un vínculo entrañable con Abelardo. En una entrega de premios, él me preguntó cuándo la iba a montar y cuando el murió, sentí que tenía que hacer esta obra. Es la primera vez que figuro como versionista. Dirigí obras de grandes autores, Cossa, Gorostiza, Talesnik, Diament, O Donnell, y uno incide en los materiales, pero aquí adaptaron y revisaron Claudia Solans y la gran escritora Sylvia Iparraguirre, compañera de Abelardo. Con ella siento que él está presente en el espectáculo.

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