“Juana Banana”: una despistada que gana en los festivales de cine

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Diálogo con su realizador, Matías Szulanski, ya dueño de una prolífica y veloz filmografía.

“Un hombre pierde a su perro, su madre muere y su mujer lo deja. Es una comedia”. Así presentaba Matías Szulanski su primer trabajo, “Reemplazo incompleto”, hecho a pulmón, en familia y sin perder plata. Corría 2016 y desde ese momento, sin detenerse, a lo largo de 7 años escribió, dirigió y estrenó un total de 9 películas, en las que además fue cámara, editor, y se reservó un papel. Además, también se involucró como productor en una miniserie y un debut de gente amiga, y hace publicidad. Su nueva comedia, “Juana Banana”, se llevó el premio a la Mejor Actriz de la Sección Argentina del reciente festival marplatense, y se estrena hoy. Dialogamos con él:

Periodista: Empecemos por el título, que parece remitirnos a una canción de Luis Aguilé.

Matías Szulanski: Sí, “Juanita Banana”, uno de sus éxitos. Pero no, yo le puse “Juana Banana” porque rima, me parece divertida la rima. El término se asocia cariñosamente con tiro al aire, y en este caso es una chica despistada, que todavía no tuvo suerte pero tiene inteligencia, tiene actitud, muchos intereses, lee autores que abren la cabeza, no best sellers. Es avispada. Julieta Raponi la encarna muy bien. Me gusta su aspecto como descuidado, natural. Y su cara. Hay gente que tiene cara de modelo. Prefiero rostros que tienen vida encima, como ella.

P.: Muy bueno, el premio a Julieta Raponi en el Festival. Tiene buen nombre en el teatro, donde también dirige, pero en cine apenas había aparecido.

M.S.: Me gustó apenas la vi. Las mujeres siempre me parecen más interesantes, su mundo es más interesante, y creo que son más fuertes, más firmes, y como actrices son más tranquilas, menos divas de lo que se piensa. Siempre tuve buena experiencia con ellas en las películas.

P.: Y siempre trabaja con la familia.

M.S.: Le gusta involucrarse a mi familia. Mi hermana es la vestuarista, mi esposa y mis padres tienen pequeños papeles, además con él tenemos una empresa de cine, Kligger Embajada Creativa.

P.: ¿Cómo se formó esa sociedad?

M.S.: Mi segunda película, “Pendeja, payasa y gorda”, comedia policial de humor negro, resultó ser la de mayor presupuesto que haya hecho en toda mi carrera, y eso quizá porque la manejó un equipo profesional. Entonces mi padre se ofreció a ayudarme con la contabilidad. El es ingeniero industrial, se dedica a sistemas de iluminación, éste no es su metier, pero desde que entró no perdemos plata.

P.: ¿Es cierto, eso? ¿Se puede vivir del cine?

M.S.: Se puede vivir del cine, lo aseguro. Tuvimos alguna pérdida por la pandemia y el salto del dólar, pero a largo plazo, entre ventas y regalías, todo se recupera y volvemos a invertir. Y yo trato de estar muy activo, hago una y ya estoy preparando otra. No son perfectas, obviamente, pero no quiero hacer obras de arte, sólo que sean lindas y honestas. Hay películas que brillan intensamente un rato y se apagan. Las mías quiero que sean como una pequeña antorcha que arde y se mantiene. Ahora, por ejemplo, “Astrogauchos” se renovó para Flow.

P.: Esa es una de las mejores que ha hecho. Le pregunto por Fabián Arenillas y Carlos Páez.

M.S.: Suelo repetir con ellos. Un actor muy bueno, y un músico muy versátil, macanudo, que acá hace canciones y solos de piano. Acá además se suma el escritor Horacio Marassi, que actúa en una escena muy particular y me parece genial, muy capo.

P.: Hábleme también de Villa Crespo, donde filmó.

M.S.: Mi barrio, de identidad genuina, que se reconoce sin necesidad de hacer tomas turísticas. Es el barrio con más judíos de toda la ciudad, pero no con un judaísmo for export. Ya no se habla tanto idish, yo mismo apenas conozco unas palabras. Tengo un guión en camino, de humor oscuro, para hacer en sus calles, y cuando lo haga quiero que me salga genuino y honesto. Pero antes pienso hacer una comedia sobre dos periodistas de un semanario de fútbol venido a menos.

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