En el sur de la provincia de Buenos Aires existe un balneario que se diferencia del resto de la Costa Atlántica. Con una población muy pequeña y grandes extensiones de playa, este rincón ofrece una escapada perfecta para quienes buscan naturaleza y tranquilidad.
La escapada perfecta entre mar, médanos y la magia del Quequén Salado
Un balneario del sur bonaerense propone kilómetros de arena, paisajes naturales y un entorno único para bajar el ritmo junto al agua.
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Un rincón de la Costa Atlántica tiene naturaleza y un ritmo mucho más tranquilo que los grandes balnearios.
El paisaje tiene de todo, mar, médanos, áreas forestadas y la cercanía de un río que desemboca en el Atlántico. Toda esa propuesta te permite pasar de la playa a zonas más protegidas y practicar pesca, actividades náuticas y recorridos al aire libre durante una misma experiencia.
Un oasis de tranquilidad en la Costa Atlántica bonaerense
El destino es Marisol, un balneario del partido de Coronel Dorrego que mantiene un perfil mucho más tranquilo que otros puntos de la costa bonaerense. Si bien durante las vacaciones aumenta la cantidad de visitantes, la amplitud del lugar te permite encontrar lugares llenos de paz.
A lo largo del recorrido, el paisaje va cambiando con zonas abiertas directamente hacia el Mar Argentino y otras donde detrás de los médanos aparecen eucaliptos, álamos y pinos. Esa variedad te permite disfrutar de la playa y de caminatas por sectores naturales. Para llegar se debe circular por la Ruta Nacional 3 y luego tomar el desvío hacia la Ruta Provincial 108 hasta Oriente. Desde ahí quedan 22 kilómetros hasta la costa.
47 kilómetros de playas vírgenes y dunas infinitas
Uno de los mayores atractivos de Marisol son sus 47 kilómetros de playa frente al Mar Argentino. La extensión de la costa permite alejarse del pequeño centro urbano y encontrar sectores con pocas construcciones, rodeados de arena y médanos. Las dunas son la mayor parte del paisaje y, junto con los pastizales, arroyos y pequeñas lagunas, crean distintos ambientes costeros donde también es posible observar flora y fauna local.
La pesca es otra de las actividades frecuentes en la zona. Como el mar y el río están tan cerca, se puede acceder tanto a espacios de pesca marítima como fluvial. Incluso en los meses de mayor movimiento, los sectores más alejados del núcleo urbano tienen un ritmo distinto al de los grandes balnearios de la Costa Atlántica.
La desembocadura del río Quequén Salado
A pocos kilómetros de la costa aparece otro de los puntos centrales de la escapada, el río Quequén Salado. Su desembocadura permite pasar del mar al río en cuestión de minutos. Uno de esos espacios es El Vimar, una playa ubicada sobre el Quequén Salado donde se puede descansar, pescar y realizar actividades náuticas.
También se puede conocer La Boca, el sector donde el río finalmente desemboca en el Mar Argentino. En sus alrededores aparecen dunas activas, pastizales y un paisaje muy distinto al de los centros turísticos más desarrollados. Este lugar es perfecto para quienes prefieren una escapada con menos movimiento y más contacto con la naturaleza.
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