15 de enero 2026 - 21:30

Qué es la Flor de Seda y por qué es la mejor opción para tu jardín en verano

En jardinería, una suculenta de flores intensas te permite sumar color con poco riego siendo ideal para macetas al sol y canteros.

Cuando el calor aprieta, pocas plantas responden así: flores abiertas como pequeñas luces, listas para levantar cualquier rincón del jardín.

Cuando el calor aprieta, pocas plantas responden así: flores abiertas como pequeñas luces, listas para levantar cualquier rincón del jardín.

Pixabay

En la jardinería de bajo riego, la xerojardinería gana terreno: elegir especies que soportan el calor y piden poca agua. Ahí aparece una aliada de floración explosiva, ideal para canteros, bordes y macetas al sol. Si buscás color sin estar con la manguera todo el día, esta opción suma puntos.

La flor de seda, también conocida como portulaca, destaca por su perfil “todoterreno”: ama el sol, tolera altas temperaturas y, por su naturaleza suculenta, atraviesa varios días con riego mínimo. Además, ofrece flores de muchos colores durante primavera y verano, con una presencia que levanta cualquier rincón.

Portulaca grandiflora
Sol pleno y riego medido: la flor de seda agradece un sustrato liviano y buen drenaje, un combo clave en jardinería para el verano.

Sol pleno y riego medido: la flor de seda agradece un sustrato liviano y buen drenaje, un combo clave en jardinería para el verano.

La planta que soporta el calor extremo: qué es la Flor de Seda

La Portulaca grandiflora es una planta suculenta de origen sudamericano que suele aparecer con dos nombres populares: flor de seda y “amor de un rato”. Sus tallos carnosos y ramificados forman matas densas, perfectas para cubrir suelo y armar una alfombra verde con estallidos de color.

Una de sus claves está en la forma en la que “administra” el verano. Sus hojas almacenan agua y le dan margen para aguantar jornadas con altas temperaturas. Incluso muestra un comportamiento curioso: hacia la tarde puede cerrar las flores, como si guardara energía para el día siguiente.

En cuanto al clima, se siente cómoda con calor en serio. Rinde muy bien con sol directo y se mueve en un rango diurno que suele ir de 20 a 35 °C; también soporta más de 35 °C si no atraviesa sequía extrema. De noche tolera temperaturas frescas cerca de 10 °C, pero el frío fuerte la castiga: debajo de 5 °C se daña y las heladas la complican.

Cuáles son los cuidados de esta planta

El primer cuidado es simple y define todo: sol. Lo ideal es que reciba varias horas de luz directa por día, porque ahí alcanza su mejor momento y florece con más fuerza. Si la ponés en sombra, pierde gracia y rinde menos.

Con el riego conviene ser más prudente que generoso. En meses calurosos, regá de forma regular pero moderada, y dejá que el sustrato se seque entre riegos. El error típico es el exceso de agua: termina en pudrición de raíces y la planta se viene abajo.

Para que crezca sin dramas, elegí un suelo bien drenado (arenoso o pedregoso le cae bárbaro) y evitá sustratos pesados que retengan humedad. Si querés empujar la floración, sumá un fertilizante equilibrado de liberación lenta durante la temporada, sin pasarte para no fomentar más hojas que flores.

Además, retirar flores marchitas y dar una poda suave ayuda a que siga produciendo; y si va en maceta colgante, un soporte evita quiebres. En general es resistente, aunque puede sufrir mildiu, ácaros o problemas por riego de más: buena ventilación y tratamientos orgánicos (como jabón insecticida o aceite de neem) suelen alcanzar.

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