Logrado relato de pionero danés en Formosa

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¿Qué calma y fervorosa pasión lleva al hombre a explorar lo desconocido, contra toda comodidad y a veces contra su propia seguridad? En 1920, el teniente Gustaf Emil Haeger dejó su casa de Estocolmo para internarse en el tupido monte formoseño hasta dar con los salvajes imaginados en su infancia. Antes lo hicieron Erland Nordenskiold (primo del explorador antártico rescatado por la corbeta “Uruguay”) y el impagable Aaron Anchorena, un dandy que entre otras cosas llegó a ser amigo del temible cacique Garcete, quizá siguiendo el ejemplo de otro dandy, el coronel Lucio V. Mansilla, amigo del cacique ranquel Mariano Rosas.

Con Haeger vinieron Wilhelm Hansson, camarógrafo, y el teniente Per Svanbeck, cartógrafo. Los esperaba otro sueco, Mauritz Jesperson, ya afincado en esas tierras y rebautizado Mauricio. Los cuatro, soportando calor, mosquitos, víboras, viajaron semanas enteras hasta llegar a los famosos salvajes, que resultaron ser unos pilagás totalmente amistosos. Fue una linda estadía, y solo hubo que lamentar un accidente donde se perdió parte del material filmado. El resto se estrenó en Suecia en 1922, se reeditó en 1950 y hoy puede verse en YouTube como “Tras los senderos indios del rio Pilcomayo”. Ahora, apoyado en ese material, el diario de Haeger, los recuerdos de sus compañeros y la guía de la antropóloga Anne Gustavsson, el documentalista argentino Cristian Pauls rehízo aproximadamente el mismo viaje, cotejando cambios y continuidades a lo largo de un siglo, hablando en particular con los descendientes de aquellos pilagás, sobre su transculturización acaso inevitable, su historia de equívocos, tragedias y permanencias, y la restauración de su lengua (con ayuda blanca). Todo esto, como dice el mismo Pauls, en el intento de “salvar los gestos de un mundo que se nos está yendo”.

Ineludibles, el recuerdo de las masacres de Fortín Yunká, provocado por macás paraguayos, y Rincón Bomba, 1947, como el enfrentamiento de los gendarmes argentinos a los chulupíes bolivianos que venían a matar a los indios formoseños, allá en 1920. Muy acertados, el trabajo sonoro, la lectura del diario en sueco por Héctor Díaz y el fondo con fragmentos del “Parsifal”, que justo entonces acababa de inaugurar la radio en Argentina. Para tener en cuenta: “Campo luminoso” se llamó el establecimiento algodonero que fundó don Mauricio después de esta aventura. Cuando joven, habiendo perdido todo en el casino, se embarcó como pinche de cocina, anduvo por los tres océanos y desembarcó aquí, donde se hizo un auténtico pionero del desarrollo agrícola. Después, cansado, terminó volviendo a Suecia, donde escribió unos hermosos y alentadores recuerdos.

“El campo luminoso” (Argentina, 2022). Dir.: C. Pauls. Documental.

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