18 de diciembre 2023 - 00:00

Los mercados festejan (y, sorpresa, la Fed quiere más alegría)

El banco central da por buena la merma de la inflación, confía en que será menor aun el año que viene y relaja el itinerario.

Jerome Powell

Jerome Powell

Sorprendió la Fed de Jerome Powell tras su reunión. Gratamente, en tiempos que ya son de algarabía. La consigna de “higher for longer” -tasas más altas por más tiempo- se canceló. En su nueva hoja de ruta esquiva el pasaje por el infierno. Se anuló la suba de tasas pendiente. Las bajas previstas para 2024 no son dos sino tres. El banco central da por buena la merma de la inflación, confía en que será menor aun el año que viene y relaja el itinerario. Su flamante mapa de puntos trae las opiniones de los 19 funcionarios de más alto rango. Solo dos quieren preservar a fin de 2024 la tasa en 5,5%. Cinco piden dos recortes de un cuarto de punto cada uno. Seis creen conveniente que sean tres rebajas, y cuatro pugnan por cuatro. Hay incluso una paloma solitaria que aboga por seis (otra se arregla con una tala única). La mediana considera apropiado entonces que la tasa descienda a 4,75% a diciembre del año próximo (medio punto por debajo de lo estimado en septiembre). Hasta ahí, nada fuera del radar. La sorpresa grande fue otra. Powell dijo que era “prematuro” especular con el inicio de la poda y doce días después dice que “claramente es un tópico de debate”. No se le pedía tanto. Avisa que están muy enfocados en “no cometer ese error” de mantener las tasas altas en demasía. De repente, lo que era el mantra es una equivocación. Se trata de un giro en redondo, el ansiado pivote de la Fed. Suena otra partitura, un allegro molto vivace.

Wall Street cierra el año a toda orquesta. Y llegó Papá Noel diez días antes. Últimamente Powell ha sido generoso con insistencia. A mediados de octubre su palabra rectora acabó con la penuria de los bonos. Las tasas a diez años, que escalaron más de un punto y medio desde mayo, amagando cruzar el Rubicón de 5%, enterraron su rebeldía. En mes y medio, después que el gran jefe afirmara que su repunte no se llevaba bien con la agenda de la política monetaria, las tasas largas se hundieron tres cuartos de punto a la zona de 4,25%. Y, ahora que anticipa el pivote, se zambullen por debajo de 4%. Muerta la inflación (o chamuscada), viva la vida. La Bolsa corrigió 10% en el peor momento. El mercado bull se puso en duda. Ya no más. Hoy arremete feroz como una venganza, y con el patrocinio oficial de Powell y compañía.

El Dow Jones Industrial estableció nuevos máximos absolutos por encima de los 37.300 puntos. El Standard & Poor’s 500 trepó 2,5% en la semana y se ubica a 1,6% del récord. De la fortaleza del Nasdaq no duda nadie. De la salud del Russell 2000 (la canasta de las pequeñas compañías) nadie nunca está seguro. No hay problema. Sube la marea, y levanta a todos los botes. Y a la velocidad del rayo. El Russell 2000 clavó un máximo anual apenas 48 días después de asentar el mínimo del año (una reacción única en más de medio siglo de registros). Es una fiesta inolvidable. La pregunta del millón no es cuánto más va a subir. Ahí sí vale el “higher for longer”. La cuestión es por qué, siendo así, la Fed agita la tesis de la baja de tasas. Que aunque John Williams, de la Fed de Nueva York, el viernes, la quisiera relativizar, instalada está. Williams enfatizó lo obvio. Hablar no es actuar, que es prematuro (sic) especular, y que no hay decisión de recortarlas pronto. De acuerdo, pero no es una retractación. Es decir, el efecto Powell rige y no es un efecto suelo, precisamente. ¿Qué sabe la Fed que nosotros, no? ¿Por qué nos precisa más jubilosos todavía? ¿Qué se rompió? ¿O se trata de prevención? ¿Qué quiere descomprimir en ese caso antes que sea tarde? Si algo se rompió, el tiempo lo dirá. Nada importante pasará inadvertido. Las tasas de interés reales que treparon por encima de 2,5% en octubre solo se redujeron medio punto. Su tenacidad asombra. No es señal de fisuras, desde ya. Pero puede producirlas. ¿Refleja un salto sostenido de la productividad? ¿O un estrés oculto? ¿Qué sabe la Fed? No tiene que ser un drama necesariamente. Con la inflación en retirada, y el sosiego de la economía, ganó grados de libertad. Puede darse el lujo de aflojar la cincha sin dejar de dominar al potro. Y ya no es la inflación lo que amenaza el aterrizaje. Las tribulaciones de algunas áreas del sector real y del crédito privado son peligros más filosos. Y siempre es mejor prevenir que curar. En definitiva, la Fed procura no romper nada. Y Powell ha sido un Paul Volcker sin destrozos. No necesita apurarse a cortar él las tasas. Lo suyo es acción psicológica (y evitar pasos en falso). Los mercados le harán el trabajo con gusto.

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