Maturano, el aliado incómodo de Massa, que deja a pie a 1,5 millones de personas (pausa en la crisis)

Política

El Gobierno cree que el líder de La Fraternidad sobreactuó bajo “emoción violenta” y por razones estrictamente políticas al lanzar un paro de trenes este martes.

Si algo logró ayer Omar Maturano de todo lo que se propuso cuando lanzó un paro de trenes que afectó a 1,5 millón de pasajeros fue llamar la atención. Por lo demás, el secretario general de La Fraternidad desde hace 28 años dañó su vínculo con sus pares de la Unión de Trabajadores del Transporte (UGATT), con el Gobierno en general y con el ministro de Economía, Sergio Massa, en particular. Es que el dirigente de Tigre y el maquinista ferroviario mantenían desde hace años una alianza sólida que Maturano planeaba utilizar para una proyección política el año que viene, ya fuese a título personal o bien para su hijo Sebastián, de protagonismo creciente en la CGT.

La medida de fuerza, que incluyó la desobediencia de La Fraternidad a la conciliación obligatoria que había dictado el Ministerio de Trabajo el lunes por la noche, fue el corolario de un plan que hasta ese día a media tarde estaba concertado con sus principales socios, los colectiveros de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), que tenía como bandera el reclamo por un bono de 50 mil pesos para todos los jubilados y pensionados del país. El desafío de Maturano no sólo generó chispazos con sus aliados sindicales sino que dejó a su gremio a las puertas de una sanción multimillonaria por parte de la cartera laboral.

La Ugatt es un sello sin reconocimiento administrativo y de composición ecléctica que resucitaron la UTA y La Fraternidad este año luego de haber perdido la capitanía de la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), en este caso con personería legal, a manos de Hugo Moyano. En aquella derrota los que conocen a Maturano sitúan el germen de la protesta de ayer y del empecinamiento del dirigente en continuarla a pesar de la tregua administrativa dictada por la ministra Raquel “Kelly” Olmos. Junto a La Fraternidad y la UTA de Roberto Fernández integran el espacio disidente el camionero santafesino Sergio Aladio, el mayor rival de Hugo Moyano, Daniel Vila, del gremio de Carga y Descarga, y un puñado de organizaciones sin mayor predicamento en el sector del transporte

La jefatura de la Ugatt había sido recibida el viernes pasado por Massa y el ministro de Transporte, Alexis Guerrera. El tigrense ya estaba anoticiado para entonces del paro anunciado y, sobre todo, de la intención por parte de sus promotores de levantarlo ante la menor señal de acercamiento. Se trataba, confiaron los organizadores, de una maniobra para posicionar el sello en el escenario político y sindical, y en particular era una respuesta a la visibilidad que habían alcanzado los Moyano con su paritaria (y el acuerdo salarial de 107% de aumento en doce meses) y la CATT, a cargo de Sergio Sasia (Unión Ferrovaria), en sus tratativas con funcionarios por una morigeración en el impuesto a las Ganancias.

Si bien los gremialistas aguardaban para el lunes una nueva reunión con el equipo económico, Massa se excusó pero les pidió cumplir con el levantamiento del paro con el argumento de que de todos modos haría en los días siguientes un anuncio para los jubilados que los tendría en cuenta como instigadores. La UTA lo hizo antes de las 21 a través de un comunicado en el que mencionó igual comportamiento por parte de todos los integrantes de la Ugatt. Más tarde Trabajo dio a conocer la conciliación obligatoria, a sabiendas que Maturano había deslizado la posibilidad de continuar con la medida junto al ferroviario disidente Rubén Sobrero, de la seccional Oeste de la Unión Ferroviaria.

Las últimas horas del lunes fueron de desconcierto generalizado: Economía y Trabajo daban por sentado que la huelga no se haría y hasta el propio Sobrero admitía que una vez notificado de la conciliación el paro quedaría sin efecto. Maturano, que suele ser esquivo incluso con sus pares en los finales de cada día, se encerró y sólo dejó trascender que el paro seguía su curso. En su entorno contó que por la tarde le había ofrecido a Olmos levantar la medida a cambio de una reunión con algún tipo de anuncio y que la ministra le retrucó que no tenía previsto recibirlo “bajo extorsión”.

En el Gobierno la evaluación sobre la conducta del dirigente iba desde la consideración de que la suya había sido una acción política, destinada a cobrar protagonismo y eventualmente incorporar a su hijo al radar de Massa para las elecciones del año que viene, hasta interpretarla como una reacción bajo emoción violenta de un sindicalista por momentos impredecible. Sobre este último ítem recordaban que hace menos de dos semanas Maturano firmó junto a la Unión Ferroviaria, los señaleros de ASFA y la Asociación del Personal de Dirección de Ferrocarriles (jerárquicos, Apdfa) un aumento salarial de 99,4 por ciento que en su totalidad lo deben a la concesión de subsidios por parte del equipo económico.

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