A un año de la tragedia del Costa Concordia
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El Costa Concordia, un día después de encallar.
Los restos del barco, propiedad de la naviera Costa Cruceros, siguen encallados frente a la isla rodeados de gigantes estructuras de metal para permitir una remoción que se ha retrasado los últimos meses y que se prevé que pueda terminar como máximo en septiembre.
Esa tarea, encargada al consorcio ítalo-estadounidense Titan-Micoperi, conlleva el trabajo los siete días de la semana de 430 personas, entre operarios e ingenieros, de 19 nacionalidades y tendrá finalmente un sobrecoste de 100 millones de dólares, lo que hace que el monto total ascienda a unos 400 millones de dólares.
"El objetivo es el de levantar el casco, dotándolo de una especie de cajones flotantes bajo la quilla, de modo que pueda ser arrastrado como una barca hinchable", explica el ingeniero Carlo Femiani, en una entrevista que publica hoy el diario "La Stampa".
Por su parte, el ministro de Medioambiente afirmó hoy a los periodistas que el barco tiene que ser llevado al puerto de grandes dimensiones más cercano a la isla para su posterior desguace, previsiblemente al de Piombino (Toscana).
"Tenemos que actuar deprisa, pero tenemos que hacerlo bien. Estamos estudiando medidas para aligerar el peso del barco de modo que se la pueda llevar al puerto más cercano", dijo Clini.
El representante este domingo del Gobierno del ya dimisionario Mario Monti, que tuvo que hacer frente a esta tragedia al poco de llegar al poder, pidió además que se castigue a los responsables en un proceso en el que, de momento, hay doce investigados, entre ellos el capitán del buque, Francesco Schettino.
"Los responsables -dijo- tendrán que ser castigados con dureza. No cabe ninguna comprensión para quien se ha equivocado, empezando por la compañía y hacia abajo. Creo que todos hemos aprendido de este asunto que la superficialidad y la incompetencia a veces se minusvalora y es uno de los peores riesgos que puede haber".
El otro punto geográfico en el que se centraron todas las miradas hoy es la localidad de Meta di Sorrento (sur de Italia), donde Schettino permanece en su domicilio bajo libertad vigilada desde el pasado 5 de julio y en la que hoy no se pudo ver en público al capitán, a quien se le ha investigado por un supuesto homicidio culposo múltiple y abandono del barco.
Al Giglio acudieron este domingo también representantes de las familias de los dos desaparecidos, Russel Rebello y María Grazia Trecarichi, así como Gregorio de Falco, el capitán de la Guardia Costera convertido en héroe por la ya famosa conversación en la que exigía a Schettino que volviera a bordo del crucero.




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