21 de noviembre 2005 - 00:00

Alarma a Castro la corrupción creada por su dictadura

Fidel Castro
Fidel Castro
La Habana - El gobernante guerrillero Fidel Castro está en pie de guerra contra su más peligroso enemigo dentro de la isla: el dinero. Es su última batalla y quizá la más difícil que enfrentó en sus 46 años de gobierno y durante los casi tres años que comandó la guerrilla en la Sierra Maestra.

«La revolución es el triunfo de la virtud sobre el vicio», dice la consigna bandera que Castro lanzó para atacar, dentro del propio sistema, las trincheras de la corrupción y la mentira. Los pronósticos de los expertos anuncian la posibilidad de una guerra de exterminio político selectivo.

El vicio por el dinero y el consumismo se extendió entre los cubanos de a pie: trabajadores, funcionarios, gerentes, militantes del Partido Comunista de Cuba (PCC) y directivos de empresas. Hay en toda la isla una red clandestina de trapicheo comercial que roba sistemáticamente miles de millones en divisas al Estado y que, al mismo tiempo, está gestando una transición autodestructiva del sistema cubano, según denunció con voz de alarma el propio Castro durante su discurso en la Universidad de La Habana el pasado día 18.

El destape del vicio por acumular capital bajo la regla del todo vale comenzó en el año 1993
. Entonces Castro, forzado por la severa crisis económica que padecía la isla por causa de la desaparición de la URSS, firmó el decreto despenalizando al dólar.

Los cubanos para conseguir dólares tenían dos vías: las remesas familiares y el robo o fraude en las entidades del Estado. De un modo u otro muchas familias lograron ingresar en la beneficiosa economía del dólar. Ello provocó el desplome del modelo de sociedad igualitaria que la revolución había sostenido en décadas anteriores.

«El Período Especial (crisis económica en la década de los '90) creó muchas desigualdades y hubo también gente que hizo mucho dinero», afirmó Castro en su reciente intervención en la Universidad capitalina.

También anunció el fusilamiento político del proceso de reformas económicas emprendidas en los años 90, alegando que «hubo quienes creyeron que con métodos capitalistas iban a construir el socialismo».

El objetivo del comandante Castro en su actual guerra política, donde «no habrá tregua con nadie», es el de realizar una revolución ética
. «Los valores éticos son esenciales, sin valores éticos no se puede ser revolucionario», sentenció el líder cubano en el mencionado discurso.

Una revolución dentro de la revolución, en la que Castro convocó a la restitución de la «igualdad social» y la creación de una «sociedad enteramente nueva», con el interés de incorporar a esta batalla a los sectores sociales más empobrecidos por estar fuera del coto económico del dinero en divisas.

En el proyecto de la «sociedad nueva», Castro anunció la suspensión de las «regalías» del Estado a los ciudadanos, por lo que va a desaparecer la veterana cartilla de racionamiento en la que el gobierno gasta anualmente 600 millones de dólares para subsidiar los alimentos de la canasta básica.

El propósito de Castro es que trabajadores y jubilados vivan de salarios con los que puedan costear un nivel de consumo satisfactorio a escala socialista.

Para costear las compras de la canasta familiar, dijo Castro, el dinero saldrá de las cifras millonarias que se obtengan cuando se gane la guerra contra «los muchos vicios, raterismo, y despilfarro» que saquean al Estado. «O derrotamos todas esas desviaciones o morimos», sentenció Castro en su intervención el 18 de noviembre.

Según esta dramática consigna, los cubanos tienen dos opciones: o se suman a la cruzada ética emprendida por Castro o persisten en destruir la revolución desde dentro.

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