El flamante presidente de Bolivia, Carlos Mesa, recibió oficialmente ayer el apoyo de la cúpula de las fuerzas armadas, durante la visita que realizó a la Escuela de la Armada de La Paz.
La Paz (AFP, EFE) - El presidente de Bolivia, Carlos Mesa, recibió ayer el reconocimiento formal de las fuerzas armadas, a las que pidió subordinarse a la Constitución y a la institucionalidad, «pero con respeto a los derechos humanos», en alusión a los cerca de 80 muertos provocados por la represión con que la fuerza pública intentó controlar un desbordado movimiento social que logró expulsar del palacio Quemado de La Paz al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, quien renunció en medio de gigantescas protestas en las calles.
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Mientras tanto, el líder campesino Felipe Quispe se negó a deponer su actitud desafiante y dijo que el próximo mes de abril estallarán protestas sociales para derrocar a Mesa y aseguró estar dispuesto a llegar a una guerra civil para obtener el poder.
«Si defendemos el Estado, si creemos y amamos a Bolivia, tenemos que defender el bien más preciado de este Estado que somos nosotros mismos, todos y cada uno de los bolivianos», dijo Mesa, quien asumió la sucesión presidencial tras la renuncia el viernes de Sánchez de Lozada. Ayer, Mesa fue reconocido como capitán general de las fuerzas armadas, como lo establece la Constitución, en una ceremonia realizada en el patio de honor del Colegio Militar en La Paz.
En su primer encuentro con los militares, Mesa instó a los uniformados a no vulnerar la ley, a hacer uso de la violencia legítima de manera racional y a «asumir parte de nuestras responsabilidades» en la violenta represión a las manifestaciones populares.
Por la tarde, Mesa tomó posesión al nuevo gabinete de ministros, integrado por independientes y técnicos y del que, por primera vez en la historia de este país, no forman parte representantes de partidos políticos. Mientras tanto, Felipe Quispe, el secretario ejecutivo de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), el mayor sindicato agrario del país, aseguró que esta organización adoptará ahora «una retirada táctica» en las protestas iniciadas hace más de un mes.
«Seguramente mañana las bases decidirán una retirada táctica y calma hasta los carnavales de febrero, pero en abril va a haber problemas, va a haber algo.»
Tras asegurar que está dispuesto a llegar a una guerra civil para obtener el poder, dijo: «Si no lo hacemos nosotros, lo harán nuestros hijos, aunque vamos a derramar muchos ríos de sangre o cerros de cadáveres».
Sin embargo, Quispe señaló que se sentará «frente a frente» con el nuevo mandatario boliviano, a quien exigirá respuesta a las demandas del campesinado.
El líder campesino reclamará al nuevo gobierno la anulación del decreto que impuso el modelo de libre mercado en el país en 1985, con la finalidad de cambiar el sistema capitalista. «No podemos sacrificar más de un mes de protestas por el simple cambio de personas, porque sigue el sistema capitalista o imperialista en vigencia.»
Felipe Quispe calificó al nuevo presidente de Bolivia, que relevó a Gonzalo Sánchez de Lozada el viernes pasado, de «lacayo de Estados Unidos». «Vamos a poner a Carlos Mesa contra la pared y él no va a poder responder», dijo.
Entre los puntos que exigirá a Carlos Mesa para alcanzar un acuerdo, el líder de los campesinos del altiplano citó la derogación de la actual Ley de Hidrocarburos y la reversión de un contrato de exportación de gas a Estados Unidos y México, que, según dijo, «ya está hecho, en secreto».
Los campesinos no cederán en su pretensión de cultivar la hoja de coca y de exigir la sustitución de la ley que regula la producción de esta planta, aseguró su líder.
«Queremos un 'cato' (1.600 metros cuadrados) de cultivo de coca por familia, y Estados Unidos no va a aceptar porque considera que es delito.»
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