22 de mayo 2008 - 00:00

Apuesta EE.UU. a aplacar a Damasco

Estambul - «Ahmed, vamos, tomá el acuerdo y salí corriendo», bromea el jeque Hamed bin Jasim al-Thani. Un joven ataviado con una túnica árabe tradicional se acerca entonces con prisa a la mesa donde reposa el pacto que acaban de firmar las facciones libanesas en conflicto para poner fin a la crisis de gobierno en Beirut.

Y es que, tras las enconadas negociaciones de estos días, el ministro de Relaciones Exteriores de Qatar cree a ambas partes capaces de cualquier cosa, incluso de destrozar a último minuto el acuerdo que un caluroso día de mayo puso fin ayer a cinco días de graves enfrentamientos y 18 meses de crisis política en Líbano.

Cuando los libaneses hacen política, el diablo suele meter la cola en la letra chica. Hace algunos meses se anunció que el gobierno prooccidental de Fuad Siniora había llegado a un acuerdo con la oposición apoyada por Irán y Siria para nombrar como nuevo presidente al general Michel Suleiman, pero el consenso se vio malogrado por determinados detalles y quedó sin efecto.

El paso dado ayer, y las circunstancias que lo rodean, son bien diferentes. Pocos minutos después de que el jeque Hamed hubo leído el acuerdo en un hotel de Doha, los seguidores de la milicia chiita Hizbollah comenzaron a levantar el campamento que habían erigido en diciembre de 2006 en el centro de Beirut con el objetivo de derrocar el gobierno de Siniora.

El presidente del Parlamento, Nabih Berri, fijó a su vez el plazo para la elección del nuevo presidente, pospuesta desde hace más de medio año. Al mismo tiempo, los gobiernos de Israel y Siria anunciaron su intención de abrir negociaciones de paz indirectas.

  • Dominó

    Tanto Arabia Saudita, que apoya a Siniora, como Siria, favorable a Hizbollah, celebraron el acuerdo alcanzado entre ambas facciones libanesas. Las piezas de dominó fueron cayendo a tal velocidad que las cadenas de noticias árabes emitían un cable urgente tras otro.

    «¿Abandonarán realmente los israelíes los Altos del Golán sirios?», era una de las preguntas del día. Y también: «¿utilizará la oposición libanesa su poder de veto para implementar los intereses sirios?» La posibilidad de un cambio de estrategia por parte de Washington sería uno de los desencadenantes para la caída de la primera pieza del dominó. El diario sirio independiente «Al-Vatan» se basó en fuentes diplomáticas occidentales para asegurar en su edición de ayer que el gobierno estadounidense prevé un cambio en su política frente a Damasco.

    «Hay expertos y asesores estadounidenses que ahora están convencidos de que llegó el momento de dialogar directamente con Siria», indicó el rotativo.

    Mientras el vicepresidente Dick Cheney seguiría abogando por mantener el aislamiento de Damasco, la secretaria de Estado Condoleezza Rice estaría a favor de un acercamiento.

    En el equilibrio de poder del Cercano Oriente y el Golfo, la hipótesis sería la siguiente: Estados Unidos dio luz verde a Israel para abrir negociaciones con Siria al tiempo que instó a sus aliados libaneses en torno al primer ministro Siniora a atender las reclamaciones de Hizbollah.

    Tanto la pacificación de Líbano como las conversaciones de paz entre Siria e Israel, archienemigo de Irán, podrían ser utilizadas por Washington como un factor divisorio en el cerrado círculo que forman Hizbollah, Damasco y Teherán.
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