El PT, como todo movimiento de izquierda, cultiva como parte principal de su estilo las expresiones políticamente correctas. Por eso había tanta mortificación en los últimos días de la campa-ña a raíz de declaraciones de Lula da Silva y de José Alencar, su candidato a vice. Al empresario Alencar le preguntaron qué idea tiene del conflicto árabe israelí y, sobre todo, si había imaginado alguna solución. El empresario dijo que «yo estuve en Israel y vi que es un país con tanto dinero que lo mejor que podría hacer es comprar tierras en otra parte del planeta y radicarse allí. Hay tanto dinero disponible en el mundo... Tienen que salir Medio Oriente donde han creado mucho problema». Lula debió halagar a la comunidad judía de San Pablo más que a cualquier otra después de estas manifestaciones de su segundo. El propio candidato a presidente tuvo su propia gafe racista cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con que en las universidades brasileñas hubiera cupos para negros. El contestó que sí y le repreguntaron: «¿Y cómo deter-minar quién es negro y quién no?». A lo que Lula contestó: «Existen métodos científicos que permiten distinguir a un negro de un blanco». Se envalentonó entonces Ciro Gomes: «Yo estoy de acuerdo con el cupo, pero eso de los métodos científicos me suena a un racismo insoportable». ***
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Sin embargo Lula aprovechó bien el auxilio de Jesse Jackson, quien participó de actos con él, invitado por la Iglesia Bautista -confesión a la que pertenece el ex precandidato demócrata-: delante de este pastor fue que Da Silva se comparó con Cristo. «La misma elite que tuvo prejuicios con él es la que los tiene con nosotros» dijo. El mexicano Cuauhtémoc Cardenas fue otro de los izquierdistas latinoamericanos que acompañó al PT en la campaña.
• Antes de que se conociera el resultado de las elecciones, Lula da Silva ya había hecho una propuesta sobre sus primeros viajes al exterior. Dijo que su primer destino sería la Argentina y el segundo, los Estados Unidos. El líder del PT viajó a la Argentina hace dos años, invitado por Alberto Ferrari Etcheberri y su Instituto de Estudios Brasileños.A los Estados Unidos fue varias veces, aunque ahora lo haría con gran ruido. Jorge Castañeda, el canciller mexicano, ya le advirtió a Colin Powell que tanto él como Vicente Fox «admiramos su sensatez, prudencia e inteligencia». La otra campana la aportó el diario «Washington Times» del reverendo Moon, desde cuyas páginas le advirtieron a George W. Bush que como presidente Lula constituirá un nuevo «eje del mal» junto a Hugo Chávez y Fidel Castro. La embajadora Donna Hrinak, diplomática de carrera que representa a los Estados Unidos en Brasil, parece menos dramática: ella conoce a Lula desde que era sindicalista radical de izquierda, cuando se desempeñaba en el área política del consulado norteamericano en San Pa blo. Hrinak es interlocutora habitual de Lula y de José Dirceu, el principal opera-dor político del PT.
• El jueves por la noche, Lula y su equipo fueron a comer al restorán «Ostería dell'Angolo», en Rio de Janeiro. Duda Mendonça creyó que bien merecía descorcharse un borgoña Romanee-Contí (u$s 2.000 la botella) para festejar la seguridad del triunfo. El candidato comió esa noche fideos con trufas blancas, una especialidad de esa clásica y refinada casa italiana. No faltaron tampoco los puros. Todo para indicar que el cambio de Lula afectaba también sus pautas de consumo. La clase media brasileña sigue con minuciosidad estos detalles, que denotan un cambio que, tal vez, se produjo también en el cerebro político de Lula. Como si hubiera sucumbido a la élite. También Marisa Leticia, la mujer del sindicalista, adoptó algunas costumbres de la burguesía paulistana, sabiamente inculcadas por Marta Suplicy, una especie de madrina en esta iniciación de la pareja petista. Ella indujo a Marisa a que se entregara a su cirujano plástico, que la dejó casi como una réplica de la alcaldesa de San Pablo. En las fiestas que suele dar en su residencia de la calle Grecia (Jardín Europa, una especie de Barrio Parque paulistano), Lula se hizo amigo de Ivo Rosset y Eleonora Mendes Caldeira, dueños de «Valisére», fuerte empresa textil conocida por la lencería. El esposo de la Suplicy, el ex trotskista argentino Luis Favre (née Huermus), hermano de Jorge Altamira, lo vinculó también con Eugenio Staub, dueño de la empresa de electrónica «Gradiente», que le aportó unos buenos millones de reales a la campaña. Favre mere-ce un capítulo aparte: detectó enseguida que el corazón de esta campaña del PT sería la publicidad. Se pegó, entonces, a Duda Mendonça y ahora piensa en fundar su propia empresa de marketing político con el «know how» adquirido en estos meses. Las vinculaciones con los Suplicy-Favre ayudan tal vez a despejar la principal incógnita del futuro esquema de poder de Lula: si pondrá a su merced a la burocracia partidaria, como hizo Marta en el gobierno de la municipalidad de San Pablo, o será sometido por ella, como le ocurrió a Luiza Erundina entre 1989 a 1992, en el mismo cargo.
Dejá tu comentario