El papa Benedicto XVI es rodeado por obispos durante la audiencia general de ayer, luego del anuncio de la designación de cardenales.
Ciudad del Vaticano (EFE, ANSA, diarios locales) - Benedicto XVI nombró ayer a los primeros quince cardenales de su pontificado, doce de ellos con poder de voto al próximo papa por tener menos de 80 años. Los nombrados -coincidieron los vaticanistas- se caracterizan por la afinidad doctrinal con el papa Joseph Ratzinger y por no pertenecer, muchos de ellos, a la centralidad de Roma.
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Entre las «creaciones» del Papa se encuentran el arzobispo de Toledo (España), Antonio Cañizares, y el de Caracas, Jorge Liberato Urosa, único sudamericano (ver aparte).
Ratzinger convocó a todos los purpurados del mundo a una reunión en el Vaticano el 23 de marzo, un día antes de la creación de los nuevos «príncipes» de la Iglesia.
El Papa hizo el anuncio en el día en que la Iglesia celebra la Cátedra de San Pedro (la misión que Cristo les confió al Apóstol y a sus sucesores de predicar el Evangelio), jornada considerada por el Pontífice como « oportuna», ya que los cardenales -dijo- «tienen la obligación de sostener y ayudar al sucesor de Pedro en el cumplimiento de su misión».
Joseph Ratzinger celebrará su primer consistorio el 24 de marzo y, al día siguiente, una misa solemne con los nuevos quince cardenales, doce de ellos menores de 80 años -por lo que pueden participar en un eventual cónclave para la elección de un futuro papa- y tres que han superado esa edad. Aunque esos tres no podrán entrar en la Capilla Sixtina en un eventual cónclave por ser octogenarios, como establece la normativa vaticana, sí pueden ser elegidos papa.
Los futuros nuevos cardenales menores de 80 años son los citados Cañizares y Urosa Savino. También el titular de la diócesis de Cracovia (Polonia), Stanislaw Dziwisz, que fue el secretario privado del fallecido Juan Pablo II; el estadounidense William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio);el esloveno Franc Rode, prefecto para los Institutos de Vida Consagrada; y el italiano Agostino Vallini, prefecto del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica.
Los otros son Gaudencio Rosales, arzobispo de Manila; Jean Pierre Ricard, de Burdeos (Francia); Nicolás Cheong-Jin-Suk, de Seúl; Sean Patrick O'Malley, de Boston (EE.UU.); Carlo Caffarra, de Bolonia (Italia), y Joseph Zen Ze-Kiun, de Hong Kong (China).
Los mayores de ochenta años son el italiano Andrea Cordero Lanza di Montezemolo, arcipreste de la Basílica di San Pablo Extramuros, en Roma; el africano Peter Poreku Dery, arzobispo emérito de Tamale (Ghana); y el jesuita francés Albert Vanhoyem, ex rector del Pontificio Instituto Bíblico y secretario de la Pontificia Comisión Bíblica.
El Pontífice subrayó que « pretende mantener» la normativa fijada por Pablo VI y seguida por Juan Pablo II aunque en algunos consistorios la derogó temporalmente de que el número máximo de cardenales electores siga siendo de 120.
Visto que actualmente el Colegio Cardenalicio está compuesto por 178 cardenales, de ellos 110 electores y que el 24 de marzo tres habrán cumplido los 80 años, todo da a entender que Benedicto XVI tiene previsto convocar consistorios con más frecuencia que Juan Pablo II para mantener permanente la «barrera» de los 120.
Espacio
El Papa les ha dado mayor espacio en el «club más exclusivo del mundo», como es conocido el Colegio de Cardenales, a los arzobispos que a los miembros de la Curia. Así, sólo tres miembros de la Curia Vaticana -Levada, Rodé y Vallini- recibirán el anillo y el capelo cardenalicio, mientras que los nueve restantes (de los menores de 80 años) provienen de todo el mundo.
Los vaticanistas subrayaron que Ratzinger nombró cardenales a arzobispos muy cercanos a él, como se considera, sobre todo, al español Cañizares y al italiano Caffarra, éste muy unido a Comunión y Liberación.
Sólo uno de los futuros cardenales proviene de América latina (Venezuela). Quince países latinoamericanos cuentan con cardenales; se destacan Brasil, con ocho, seguido de México, con cinco.
El Papa precisó que los cardenales constituyen «una especie de Senado» del que se vale el Pontífice para realizar su labor.
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