Blair se defiende y se despide del Partido Laborista
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El primer
ministro
británico,
Tony
Blair,
saluda
emocionado
tras
su último
discurso
como
líder del
Partido
Laborista.
«Es un hombre extraordinario. Es un servidor público extraordinario. Y esa es la verdad», afirmó Blair, que no rehuyó la polémica surgida en el Congreso por unas supuestas descalificaciones de su esposa, Cherie Blair, hacia Brown, al que acusó, según la versión de una periodista, de mentir al afirmar que había sido «un privilegio» trabajar para su marido.
«Al menos no tengo que preocuparme de que vaya a escaparse con el tipo de la puerta de al lado», bromeó Blair, ante las risas de los asistentes, entre los que se encontraban tanto el titular de Economía, como su esposa, aludiendo a que él y Brown viven en los números diez y once de la misma calle: Downing Street.
El primer ministro recalcó que ya no será él quien conduzca al partido a las próximas elecciones, por lo que quiso dar una serie de consejos a sus correligionarios. Dijo que hay que saber adaptar las políticas a los nuevos desafíos a los que se enfrenta el país, que, frente a los de 1997, cuando los laboristas recuperaron el poder, ya no son «esencialmente británicos», sino « fundamentalmente globales».
Advirtió de que el verdadero peligro al que se enfrenta el Partido Laborista es no entender que «el Nuevo Laborismo en 2007 no será el Nuevo Laborismo de 1997», al tiempo que abogó por conciliar «apertura» y « seguridad» y continuar con las reformas en los servicios públicos.
Instó, asimismo, a los suyos a no hacer caso omiso de las encuestas, que los sitúan actualmente por detrás de los conservadores, pero a no dejarse tampoco paralizar por ellas.




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