27 de diciembre 2010 - 23:49

Bolivia, al borde de la parálisis por masiva huelga contra el "gasolinazo"

El transporte público fue escaso y el poco que prestaba servicios urbanos y de larga distancia imponía unilateralmente aumentos de tarifas de hasta un 100 %.
El transporte público fue escaso y el poco que prestaba servicios urbanos y de larga distancia imponía unilateralmente aumentos de tarifas de hasta un 100 %.
Bolivia quedó el lunes semiparalizada por una huelga de transportistas en rechazo a una fuerte e inesperada alza en el precio de los combustibles, que puso en escena una dura prueba económica y política para el Gobierno izquierdista de Evo Morales.

A la masiva huelga de propietarios de transporte se sumó una amenaza de la Central Obrera Boliviana (COB), que no acudió a una reunión convocada por Morales -hasta ahora su aliado político- para hablar sobre el alza. En tanto, la cúpula empresarial reaccionó con cautela, criticando sólo el "oportunismo político" del gobernante.

El transporte público era escaso y el poco que prestaba servicios urbanos y de larga distancia imponía unilateralmente aumentos de tarifas de hasta un 100 por ciento, pero en las calles no se observaban disturbios ni protestas y las gasolineras operaban con normalidad.

Adicionalmente, la primera protesta contra el llamado "gasolinazo" no afectaba a las vitales exportaciones minerales y de gas natural, que generan más de dos tercios de las divisas de la pequeña economía altiplánica y financian las políticas sociales de Morales.

Los combustibles para automotores subieron el domingo en hasta 83 por ciento, para poner fin, según el Gobierno, a un viejo régimen de subvenciones que le costó al Estado 380 millones de dólares en el 2010.

Morales, en el primer año de su segundo mandato y quien parece haber puesto en juego su popularidad entre las clases pobres y sectores medios, estaba en Venezuela cuando se anunció el alza de precios y guardaba silencio el lunes a La Paz.
Sus ministros, entretanto, trataban de explicar la aparente contradicción entre la dura medida y el buen momento macroeconómico del país, con cuatro años de sucesivo superávit fiscal y crecimiento y reservas internacionales récord.

"Aquí no es sólo el transporte el afectado, esto va a afectar a toda la ciudadanía porque van a subir todos los precios", dijo Franklin Durán, líder de la Confederación de Choferes, que agrupa a los propietarios del transporte automotor y que asumió una primera línea de rechazo al "gasolinazo".

La huelga del transporte durará "indefinidamente, hasta que el Gobierno apruebe un alza de tarifas" del sector, agregó.

El líder de la COB, Pedro Montes, dijo que no acudió a un encuentro con Morales, su aliado político, como un "gesto de desaprobación" al alza de precios y para esperar que un "ampliado" o reunión nacional discuta el martes eventuales medidas de presión contra el "maldito gasolinazo".

La Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) evitó criticar el fondo de la medida económica, pero señaló en cambio que el Gobierno evitaba un alto costo político aprovechando que no habría elecciones políticas por lo menos hasta el 2014.

"Esta situación no era nueva y pudo haberse subsanado en los años en que el PIB creció marcadamente como el 2008 o cuando la inflación se encontraba muy cerca de cero como en el 2009", dijo en conferencia de prensa Daniel Sánchez, presidente de la CEPB.

El Gobierno no mostraba apuro por explicar la medida y sólo anunció que esperaba dialogar con todos los sectores afectados.

"No todos los cambios gustan, especialmente cuando afectan el bolsillo de la gente, pero hemos tomado medidas paliativas y es importante que la gente entienda que no estamos en una crisis sino que es un buen momento económico para que los efectos no se sientan", dijo a radio Erbol el ministro de Economía, Luis Arce.

Entre esos paliativos citó al congelamiento de las tarifas de agua, electricidad y telefonía y a un próximo aumento salarial que compensará la inflación del 2010 -que llegaría al 7 por ciento- y la prevista alza de precios de enero venidero. "El alza de precios provocada por la nivelación de combustibles podría aproximarse al 20 por ciento", calculó.

Bolivia es un importante productor de gas natural pero no de combustibles líquidos, como el diésel, que importa a precios internacionales y los comercializaba internamente, hasta el domingo, en base a un precio congelado de 27 dólares el barril.

El diésel subió el domingo un 83 por ciento, a 6,80 bolivianos (0,96 dólares) el litro; mientras que la gasolina de bajo octanaje, la de mayor consumo, trepó un 73 por ciento a 6,47 bolivianos (0,92 dólares), pero estos precios variarán en el futuro según las oscilaciones del mercado mundial, dijo Arce.

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