Bolivia, al borde de la parálisis por masiva huelga contra el "gasolinazo"
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El transporte público fue escaso y el poco que prestaba servicios urbanos y de larga distancia imponía unilateralmente aumentos de tarifas de hasta un 100 %.
Sus ministros, entretanto, trataban de explicar la aparente contradicción entre la dura medida y el buen momento macroeconómico del país, con cuatro años de sucesivo superávit fiscal y crecimiento y reservas internacionales récord.
"Aquí no es sólo el transporte el afectado, esto va a afectar a toda la ciudadanía porque van a subir todos los precios", dijo Franklin Durán, líder de la Confederación de Choferes, que agrupa a los propietarios del transporte automotor y que asumió una primera línea de rechazo al "gasolinazo".
La huelga del transporte durará "indefinidamente, hasta que el Gobierno apruebe un alza de tarifas" del sector, agregó.
El líder de la COB, Pedro Montes, dijo que no acudió a un encuentro con Morales, su aliado político, como un "gesto de desaprobación" al alza de precios y para esperar que un "ampliado" o reunión nacional discuta el martes eventuales medidas de presión contra el "maldito gasolinazo".
La Confederación de Empresarios Privados de Bolivia (CEPB) evitó criticar el fondo de la medida económica, pero señaló en cambio que el Gobierno evitaba un alto costo político aprovechando que no habría elecciones políticas por lo menos hasta el 2014.
"Esta situación no era nueva y pudo haberse subsanado en los años en que el PIB creció marcadamente como el 2008 o cuando la inflación se encontraba muy cerca de cero como en el 2009", dijo en conferencia de prensa Daniel Sánchez, presidente de la CEPB.
El Gobierno no mostraba apuro por explicar la medida y sólo anunció que esperaba dialogar con todos los sectores afectados.
"No todos los cambios gustan, especialmente cuando afectan el bolsillo de la gente, pero hemos tomado medidas paliativas y es importante que la gente entienda que no estamos en una crisis sino que es un buen momento económico para que los efectos no se sientan", dijo a radio Erbol el ministro de Economía, Luis Arce.
Entre esos paliativos citó al congelamiento de las tarifas de agua, electricidad y telefonía y a un próximo aumento salarial que compensará la inflación del 2010 -que llegaría al 7 por ciento- y la prevista alza de precios de enero venidero. "El alza de precios provocada por la nivelación de combustibles podría aproximarse al 20 por ciento", calculó.
Bolivia es un importante productor de gas natural pero no de combustibles líquidos, como el diésel, que importa a precios internacionales y los comercializaba internamente, hasta el domingo, en base a un precio congelado de 27 dólares el barril.
El diésel subió el domingo un 83 por ciento, a 6,80 bolivianos (0,96 dólares) el litro; mientras que la gasolina de bajo octanaje, la de mayor consumo, trepó un 73 por ciento a 6,47 bolivianos (0,92 dólares), pero estos precios variarán en el futuro según las oscilaciones del mercado mundial, dijo Arce.




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