Brasilia - El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, rompió ayer la cuarentena que cumplía por el coronavirus y, desoyendo toda recomendación médica y epidemiológica, se unió a manifestantes que marchaban en Brasilia a favor de su Gobierno y en contra del Congreso y la Corte Suprema, acercándose a ellos y hasta dándoles la mano y abrazándolos.
Bolsonaro violó su cuarentena y se mezcló con una multitud
Grave: el presidente de Brasil desobedeció a sus médicos, estrechó manos y se sacó selfies.
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Irresponsabilidad. Además de incumplir su cuarentena, Jair Bolsonaro se mezcló con una multitud (sin respetar una distancia mínima), estrechó manos, dio abrazos y se sacó fotos con teléfonos ajenos. Todo mal.
En momentos en que cursa su segunda semana de cuarentena, luego que a cuatro de sus asesores más cercanos les hubiera dado positivo el análisis por Covid-19, el mandatario rompió las medidas sanitarias y se mezcló con la gente sin barbijo ni guantes.
Salió del Palacio de la Alvorada, su residencia oficial, para sumarse a la manifestación progubernamental que se llevaba a cabo en la Explanada de los Ministerios de Brasilia, ocasión que aprovechó para dar un paseo por la ciudad.
Luego fue al Palacio de Planalto, la sede del Gobierno, para saludar a sus seguidores, estrechar sus manos e incluso tomarse selfies con los teléfonos celulares de otras personas, informó el diario brasileño O Globo.
El viernes, después de que la primera prueba de coronavirus de Bolsonaro fuera negativa, el Planalto dijo que el presidente se haría un segundo examen en siete días.
Este segundo examen está previsto en el protocolo de Operación Retorno, del Ministerio de Salud, que prevé un segundo control y un tercero, a los 14 días. Durante este período, Bolsonaro debía permanecer aislado.
Es más, la semana pasada, antes de que la primera prueba le diera negativa, el propio Bolsonaro se presentó en un video con barbijo para desalentar por motivos sanitarios la participación en la marcha de ayer, cuya convocatoria le había generado antes un enfrentamiento con los otros dos poderes.
Cientos de simpatizantes de ultraderecha, algunos reclamando abiertamente un golpe de Estado, se reunieron en Brasilia, Río de Janeiro y San Pablo, muchos con máscaras impresas con mensajes como “el virus es la escoria en el Congreso”.
Los críticos del presidente aseguran que las marchas son antidemocráticas, en un país aún atormentado por la memoria de una dictadura militar (1964-1985) cuyo legado es admirado abiertamente por Bolsonaro, un excapitán del ejército.
Pero ni eso ni las advertencias de las autoridades para evitar grandes reuniones en medio de la pandemia de coronavirus impidieron que los partidarios más fervientes de Bolsonaro salieran a las calles.
“Esto es una protesta contra el Congreso, porque no dejan que Bolsonaro gobierne. Vetan todo”, dijo el manifestante Rogerio Galhardo, un empresario de 60 años que cargaba una bandera brasileña.
“Todo lo que quieren hacer es robar”, añadió su esposa, la profesora de 45 años Patricia Monteiro.




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