Brasil entra en la recta final del duelo entre Dilma Rousseff y Marina Silva
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De un lado del ring, Dilma Rousseff, 66 años. La exguerrillera torturada bajo la dictadura. Una administradora firme, exministra de Energía, 'apparatchik' del Partido de los Trabajadores (PT). La heredera política del expresidente Luiz Inacio Lula da Silva.
Del otro lado, Marina Silva, 56 años, recolectora de caucho alfabetizada en la adolescencia, sindicalista, militante del PT, y luego senadora, ministra de Medio Ambiente de Lula. Una disidente de aspecto frágil, pero con una voluntad de hierro. Renunció a convertirse en monja para casarse con la política y unirse a una iglesia evangélica.
Aunque Rousseff amplió su ventaja frente a Silva en la primera vuelta, con 13 puntos por delante de su rival según el último sondeo, en el caso de un balotaje ambas están en empate técnico teniendo en cuenta el margen de error (Rousseff con 47% frente a Silva con 43%).
Un eventual triunfo podría hacer que Silva entre doblemente en la historia, como la primera presidenta negra y también como la primera jefa de Estado evangélica de Brasil.
Su elección marcaría asimismo la ruptura de 20 años de dominio del PT y del Partido Socialdemócrata (PSDB) del expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2003) en la política brasileña.
Digno de un escenario de telenovela, este duelo presidencial no estaba inicialmente en la agenda.
Hace unas semanas, el bando presidencial estaba tranquilo. El débil desempeño económico era compensado por un desempleo en mínimos históricos (5%), salarios en alza y una reducción sin precedentes de las desigualdades sociales en 12 años de gobierno del PT.
Rousseff recuperó gran parte de la popularidad perdida en las masivas manifestaciones de junio de 2013, en las que jóvenes de clase media urbana expresaron su hartazgo del sistema y exigieron educación, salud y transporte público dignos de un país desarrollado.
Finalmente, el Mundial-2014 tuvo lugar sin problemas. La reelección parecía cierta frente a los poco conocidos Aecio Neves (PSDB) y Eduardo Campos del Partido Socialista (PSB).
Todo cambió el 13 de agosto, con la muerte de Campos en un accidente de avión.
La popular Marina Silva, que le acompañaba en la fórmula como vice, lo reemplaza y los sondeos explotan, dándola durante días y días como gran vencedora en un segundo turno frente a Rousseff.
Los brasileños la conocen bien. Candidata del minúsculo Partido Verde, hizo sensación al conseguir casi 20% de los votos en la primera vuelta de las presidenciales de 2010.
La ecologista capta votos de los decepcionados del Lulismo, de los evangélicos, de los manifestantes de 2013, de los indignados por la corrupción y por el sistema de alianzas de los grandes partidos.
Dice que gobernará "con los mejores", en ruptura con la "vieja política". Rechaza la bipolarización PT-PSDB, pero asegura ser el equilibrio entre ambos.
"Vamos a recuperar la estabilidad económica del gobierno de Fernando Henrique (...) perdida por el actual gobierno. Y vamos a mantener y profundizar la inclusión social iniciada por el gobierno Lula, hoy amenazado por el de Dilma, a causa del retorno de la inflación, de las tasas de interés elevadas y del débil crecimiento", prometió.
Lanzada contra las cuerdas por Marina, Dilma reaccionó, devolviendo golpe por golpe. Cuando no pegando por debajo de la cintura, acusando a su contrincante de querer suprimir los programas sociales.
Rousseff pone acento sobre todo en el riesgo de una parálisis política si su rival triunfa.
"En una democracia, nadie gobierna sin partido", recordó. "La coalición de Marina Silva tiene hoy 33 diputados. ¿Sabe ella cuántos son necesarios para aprobar un simple proyecto de ley? 129. ¿Y una reforma constitucional? 308. ¿Tiene ella el tacto para negociar?", preguntó.
La contraofensiva pagó. El último sondeo muestra a Rousseff victoriosa en el primer turno sobre Marina Silva. Pero ambas están en empate técnico en un segundo turno el 26 de octubre.

