22 de diciembre 2003 - 00:00

Brasil está blindado y puede crecer más de 3,5% en 2004

Brasilia - Después de un año de ordenar la casa, la economía nacional ganó un blindaje más fuerte que en el pasado y el gobierno podrá comenzar a imprimir la impronta que desea el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva: crecimiento con distribución de la renta. «Brasil ya creció a tasas bajas y ya creció a tasas altas, pero nunca distribuyó la renta», dijo el ministro de Hacienda, Antonio Palocci.

Victorioso en estabilizar la macroeconomía, Palocci quiere que temas como el tipo de cambio, las tasas de interés y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) salgan de la agenda. El quiere ahora que los empresarios tengan la chance de pensar en sus negocios en vez de preocuparse por la macroeconomía, que considera encaminada. Son, para él, «no asuntos».

El ministro también dejó en claro que no será menos riguroso en la política fiscal a causa de las cruciales elecciones municipales de octubre de 2004. «Vamos a parar con esa historia de que terminó el ajuste fiscal. ¡No terminó nada!»

Palocci ya está elaborando su agenda para 2004. Esta incluye medidas para bajar el costo del crédito, completar el marco regulatorio e impulsar las inversiones en infraestructura. Estos son los principales tramos de la entrevista.

Periodista:
El gobierno termina este año con la macroeconomía ajustada, pero el desempleo aumentó y la renta real de los trabajadores cayó. Eso debe ser frustrante para un gobierno del Partido de los Trabajadores. ¿Qué responde a eso?

Antonio Palocci: Nosotros administramos un país tras una grave crisis y teníamos dos opciones: corregirla o dejarla desarrollarse. Si no hubiésemos hecho un duro ajuste, estaríamos ahora con el siguiente panorama: hiperinflación, deuda descontrolada, crecimiento en duda y desempleo muy parecido. El gobierno del presidente Lula tiene vocación por el crecimiento y la generación de empleo. Pero es un gobierno responsable, que sabe que tiene que enfrentar desafíos y corregirlos para que el crecimiento se dé de forma sustentable y a largo plazo. Ese crecimiento ya está comenzando a ocurrir; 2004 será un año de crecimiento y generación de empleo. Es una oportunidad histórica nueva.


P.:
¿Piensa que ya en 2004 será posible avanzar en la cuestión del empleo?

A.P.: Seguro. En este año, aun con bajo crecimiento, Brasil produjo un millón de empleos formales. Es poco.


P.:
Existe una promesa de crear diez millones de empleos. ¿Será posible cumplirla?

A.P.: No hay una promesa de diez millones, nunca la hubo. De hecho hubo un documento que decía que Brasil necesita, en el próximo período, generar en torno de 10 millones de empleos. Pero esa es una afirmación técnica, no una promesa.


P.:
Mucho se habló, en los últimos años, sobre la distribución de la renta. ¿Qué garantiza que esta vez será diferente?

A.P.: El mayor cambio, pienso, es la presencia del presidente Lula. Mucha gente piensa que lo que él más pide al equipo económico es sobre tasas de interés. Rotundo engaño. Lo que más reclama es que las medidas que tomamos se reflejen en la vida de las personas más pobres. Brasil ya creció a tasas bajas y ya creció a tasas altas, pero nunca distribuyó la renta.


P.:
¿El gobierno ya cerró una agenda prioritaria para 2004?

A.P.: Estamos discutiendo la agenda del año que viene, sí. En el área económica, ya tenemos una serie de cosas programadas.


P.:
¿La autonomía del Banco Central está incluida?

A.P.: La autonomía del Banco Central es un tema del año que viene. Estamos haciendo una pauta de respeto a cuestiones institucionales, una pauta relativa al crédito, al spread bancario, ley de quiebras. También crearemos el sistema de exposición de registro: si yo soy un buen pagador, pido mi registro al Banco Central, por Internet, y se lo llevo a mi acreedor, al banco.

P.:
¿Que más hay en esa agenda?

A.P.: El marco regulatorio, que es una discusión extensa, difícil, trabajosa. También el crédito popular, en el que estamos trabajando desde junio. Y hay una pauta sobre infraestructura. Vamos a aumentar la inversión pública el año que viene accionando sociedades público-privadas. La agenda económica es extensa. Por eso he dicho: vamos a olvidar un poco la macroeconomía. No en el sentido de dejarla de lado, sino porque ella está resuelta. El empresario necesita tener la chance de preocuparse por su empresa. El no la tiene en Brasil. Necesita preocuparse por las tasas, la deuda pública, la crisis interna, externa, el marco regulatorio.


P.:
¿Cuál es el riesgo de que el crecimiento de 2004 sea un vuelo de gallina?

A.P.: Si logramos trabajar una pauta ordenada de crecimiento, no vamos a tener ese problema. En el último período de crecimiento, en 2000 y 2001, Brasil creció seis trimestres a 4,4%. ¿Lo que tenemos hoy es igual, mejor o peor que en aquel período? La inflación es parecida, lo fiscal y las cuentas externas están mucho mejor. El país está blindado.


P.:
Entonces crecer 3,5% en 2004 es poco.

A.P.: Espero que sí.

P.: ¿El gobierno va a rever su proyección de crecimiento?

A.P.: Hoy sería posible rever el cálculo, pero si nos quedamos discutiendo el índice no discutiríamos lo que importa. ¿Cuál es la programación que las empresas, el gobierno y el Congreso pueden hacer para que el crecimiento sea mayor?


P.:
¿Por qué el acuerdo con el FMI fue omitido del balance de un año de gobierno?

A.P.: Lo creí bueno porque en verdad el contenido del acuerdo que hicimos con el Fondo es un «no asunto». El acuerdo es una confirmación de que vamos a continuar el ajuste. Es un instrumento más para permitir que el gobierno y los empresarios miren menos esos asuntos. Está pautado el superávit, la meta de inflación, la política monetaria. Y tenemos una póliza de seguro. ¡Entonces, olvídese! Mire su empresa, cómo hacer para que tenga éxito, produzca y crezca. Queremos que sea un seguro y no un orientador de nuestra política.


P.:
¿Incomoda esa presión del empresariado por una devaluación mayor del real?

A.P.: No incomoda.Yo encaro la presión como parte de mi trabajo. Mi presión arterial hasta cayó un punto. Lo que tenemos que decir a los empresarios y a los críticos del tipo de cambio es que la vida mostró que estaban rotundamente engañados. No hay tipo de cambio errado que produzca una balanza comercial de 24.000 millones de dólares y transacciones corrientes positivas. El tipo de cambio es adecuado. Si consideramos la tasa real efectiva de cambio, es más favorable que hace una década, porque la inflación cayó y las empresas incorporaron la ganancia, abrieron nuevos mercados. Eso hace que el del cambio sea hoy otro «no asunto». Hay que ver que el gobierno no ajusta el cambio real.

P.:
¿Cree que hay una especie de maldición en la economía brasileña por la cual las tasas de interés no pueden caer más allá de cierto punto porque la inflación no se mantiene estable?

A.P.: La maldición de las tasas no es fruto de algo esotérico sino de una historia económica, de un país que no tiene una cultura fiscal adecuada y toleró todo tipo de política económica. Tuvimos tabla, tablita, ancla cambiaria, ancla fiscal. Cada hora, una magia. Ese país tiende a pagar tasas altas. Por eso, tenemos que hacer un ordenamiento fiscal de 10 años. Vamos a parar con esa historia de que terminó el ajuste fiscal. ¡No terminó nada! Tenemos que mostrar al país y al mundo que Brasil quiere ser organizado. No es difícil. Es sólo una decisión. Lo peor es que hay gente que piensa que eso saca dinero al área social. Es lo contrario. El ajuste fiscal de largo plazo es lo que provee las condiciones para más inversiones. Les hace bien a Brasil, le hace bien a lo social, le hace bien a las inversiones tener las cuentas ordenadas.


P.:
Como 2004 es un año electoral, habrá mucha más presión por recursos. ¿Cómo va a lidiar con ella el gobierno?

A.P.: Eso es verdad. En un año político, se acostumbra duplicar la presión. Pero 2004
será también un año de crecimiento. Por ese lado, se descomprime.


P.:
¿Cuál es la identidad del gobierno de Lula, su marca?

A.P.: Lo que el presidente Lula dice es que Brasil ahora va a crecer para todos. Es un desarrollo con inclusión. La novedad es, primero, la posibilidad de ordenamiento de la casa a largo plazo; segundo, crecimiento de largo plazo; y tercero, crecimiento con distribución de la renta. Eso ya es otro Brasil. Porque para resolver el problema del crecimiento es necesario hacer un pacto.


Por tratarse de un liderazgo que conversa con todos los segmentos, el presidente Lula puede liderar el gran pacto que Brasil necesita. El puede conducir un desarrollo más vigoroso que el del pasado por esa capacidad que tiene de diálogo.


P.:
¿Está hablando de su candidatura al gobierno de San Pablo? ¿Eso tiene fundamento?

A.P.: Lo niego abiertamente. No quiero ser candidato. Por lo menos necesito sacar eso de mi agenda. No puedo ser ministro de Hacienda pensando en una candidatura. Necesito concentrarme aquí. El futuro pertenece a Dios.

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