22 de abril 2005 - 00:00

Bush logró la aprobación de su nuevo zar de inteligencia

Washington (EFE, Reuters, AFP) - El Senado de Estados Unidos aprobó ayer, con 98 votos a favor y 2 en contra, el nombramiento de John Negroponte como primer director nacional de Inteligencia (DNI) para coordinar las labores de los servicios de espionaje del país.

En tanto, el «número dos» de Negroponteserá el general Michael Hayden, director de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), que se encarga del espionaje de las comunicaciones.

Negroponte, que fue embajador de EE.UU. en Irak antes de ser designado para el cargo por el presidente George W. Bush en febrero pasado, tendrá entre sus prioridades reformar el aparato de espionaje a raíz de los fallos previos a los atentados de 2001.

El DNI tiene la misión de coordinar las actividades de las quince agencias de espionaje,incluyendo la Agencia Central de Información (CIA), y llevar el control de sus presupuestos.

El cargo fue creado dentro de la mayor reforma de los servicios de espionaje de EE.UU. desde 1947, que el Congreso aprobó en 2004.

Los únicos dos votos en contra correspondieron a los senadores demócratas Tom Harkin de Iowa y Ron Wyden de Oregón, descontentos con las respuestas que dio Negroponte a varios asuntos de inteligencia durante su proceso de confirmación este mes.

Negroponte, un políglota de 65 años con una larga trayectoria diplomática, aparentemente logró superar las reticencias de varios líderes del Senado e incluso se ganó a su bando al senador demócrata
Jay Rockefeller.

Rockefeller dijo estar satisfecho tras una reunión reciente de casi dos horas con Negroponte, durante la cual analizaron los retos y responsabilidades del nuevo cargo.

El senador advirtió que Negroponte tiene ante sí enormes retos para mitigar las luchas sectarias en la comunidad de inteligencia, tomando en cuenta, por ejemplo, que el Pentágono controla 80% de un presupuesto anual de alrededor de 40.000 millones de dólares para los servicios de inteligencia.

Negroponte, que fue embajador de EE.UU. en
México, Honduras y Filipinas, llega al cargo con la plena confianza que en él ha depositado el propio Bush y con la garantía de que tendrá el control presupuestario, dos elementos codiciados en Washington. El diplomático no tendrá oficina propia en la Casa Blanca, pero sí tendrá acceso directo a Bush como su principal asesor en materia de inteligencia.

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