Cacería en Londres del cerebro de los ataques
Determinado ya que los terroristas suicidas del 7-J eran ciudadanos británicos, la posibilidad de un nuevo atentado en el Reino Unido dejó de ser simplemente una hipótesis justificada por la prudencia. Por eso, la obsesión de los servicios secretos y la policía es ahora dar con el "cerebro" de los atentados, quien, en libertad, podría poner otra vez en marcha la usina de la muerte, ya sea en ese país o en otro. Todo indica que los kamikazes identificados (de origen paquistaní, la comunidad socialmente más sumergida entre los 2 millones de musulmanes que viven en Gran Bretaña) eran demasiado jóvenes e inexpertos como para perpetrar un atentado cuádruple de gran precisión. De ahí, el rol crucial que jugó el "quinto hombre", un experto en explosivos involucrado en carnicerías anteriores y alto jefe de Al-Qaeda en Europa (ya está individualizado, aunque su nombre no trascendió). La presencia de un enemigo interno, enquistado en una comunidad islámica grande, convenció a Tony Blair de apurar un duro paquete de medidas antiterroristas, el que perseguirá especialmente la incitación a la violencia que se hace en no pocas mezquitas británicas. El desafío es imperioso: además de la tragedia de la pérdida de vidas, siempre incalculable en su alcance, se estima que los ataques del jueves pasado tendrán un costo de 5 mil millones de dólares.
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Las muestras de pesar por las víctimas se resumirán hoy en dos minutos de silencio y varios actos.
Además, otras dos personas estarían siendo buscadas por haber aportado su apoyo logístico a los que transportaron las bombas.
Scotland Yard investiga los pasos de un universitario egipcio, especialista en Química en la Universidad de Leeds, y cuyo departamento fue registrado el martes. Según el diario, en la pesquisa se encontraron explosivos.
Estas noticias se conocieron tras la espectacular operación del martes, que permitió la detención de una persona y la incautación de explosivos. En ese sentido, ayer se realizaron nuevos procedimientos y redadas en Aylesbury, ciudad ubicada 64 kilómetros al noroeste de Londres.
• Coordinación
Según las fuerzas de seguridad, dada la juventud de los cuatro autores de los ataques del jueves, de entre 19 y 30 años, otra persona pudo coordinarlos y darles instrucciones sobre cómo tenían que colocar las bombas.
Tres artefactos estallaron el pasado día 7, casi de forma simultánea y a primera hora de la mañana, en tres estaciones del metro -King's Cross, Liverpool Street y Edgware Road-, mientras que otra bomba explotó después en un autobús en la plaza de Tavistock, en las inmediaciones del Museo Británico.
Las fuerzas del orden tratan de establecer, además, el origen de los explosivos encontrados en los registros llevados a cabo el martes en seis viviendas del área de Leeds (norte de Inglaterra) y en un automóvil estacionado en la estación de Luton (norte de Londres).
En este sentido, especialistas señalaron que los terroristas islamistas son una clientela potencial de los traficantes de armas y explosivos de Europa del Este, que son los proveedores del crimen organizado.
Si se confirma que el explosivo utilizado en Londres era de tipo militar, sería la primera vez que se utiliza un material semejante en uno de los mayores atentados islámicos de los últimos años, reveló Louis Caprioli, experto de la sociedad de seguridad Geos, quien en una época estuvo encargada de la lucha contra el terrorismo en la Dirección de Vigilancia del Territorio (DST) francesa.
Según el profesor Hans Michels, del Colegio Imperial de Londres, citado por el «
Financial Times», el explosivo utilizado en la capital británica podría ser TNT del tipo fabricado en el bloque soviético y que circuló por el mercado negro.



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