A confesión de parte, relevo de pruebas, podría decirse. Las prácticas políticas de Hugo Chávez no sólo generan un notable desencanto en la población (casi 70% no concurrió el domingo a votar en los comicios para concejales) sino, también, acusaciones de fraude. Lo curioso es que éstas no provienen ya de la desarticulada oposición a su gobierno « bolivariano» sino de sus propios simpatizantes.
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Según consignó ayer la agencia «AFP», el grupo izquierdista radical Tupamaro, afecto a Chávez, protestó ayer en Caracas por un supuesto «fraude electrónico» que le habría restado votos. Los tupamaros venezolanos denunciaron que en el municipio caraqueño de Sucre les «robaron» votos y acusaron a fiscales de mesa del Movimiento V República (MVR), la corriente principal del chavismo, de estar «comprometidos con los sectores corruptos» y haber cometido irregularidades.
«Pedimos nuevas elecciones, que sean manuales, no queremos elecciones electrónicas. Ellos manejan las máquinas», dijo Carmen López, candidata a concejal de los tupamaros en el Municipio Sucre.
• Temores
Mientras, más allá de las quejas, el polémico presidente venezolano volvió a salirse con la suya y se quedó con más de 80% de los cargos municipales. La mayoría de ellos, claro, cayó en manos de los más leales de sus seguidores. Este avance hace temer más por el ya precario estado de la democracia venezolana. El chavismo controla hoy 83% de los cargos de concejales, 247 de las 336 alcaldías del país y 22 de las 24 gobernaciones. Tiene, además, 87 de los 165 diputados de la Asamblea Nacional, que debe renovarse en diciembre. «Ahora aspiramos a la mayoría calificada» de 110 diputados, señaló el diputado oficialista William Lara. Para preocuparse.
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