En oportunidad de un reciente paso por Buenos Aires de Hugo Chávez Frías, el entonces presidente Néstor Kirchner y su esposa, la actual presidente, Cristina F. de Kirchner, se deshicieron en agradecimientos públicos hacia el «bolivariano», por «habernos ayudado cuando nadie lo hacía». Es cierto, Chávez es el único dispuesto a financiarnos desde el exterior, porque -pese a que creemos haber vuelto a la normalidad- lo real es que no tenemos acceso al mercado internacional de crédito. Nuestros acreedores externos insatisfechos parecen estar dispuestos a embargarnos cualquier préstamo que se nos desembolse fuera del país. Y el riesgo es grande.
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Por eso la alternativa venezolana, aunque bastante más cara que las de mercado, es la única disponible y, además, una que permite a algunos hacer negocios colaterales.
Nadie naturalmente le recordó a Chávez su responsabilidad en el sugestivo caso de la «valija» llena de dólares que apareció, en medio de la noche, en nuestro Aeroparque Jorge Newbery, a bordo de un avión fletado por una de nuestras nuevas empresas del Estado, en la que, recordemos, viajaban, en dulce montón, funcionarios argentinos y de PDVSA.
Pese a su reciente derrota a manos de su propio pueblo, Chávez no cambia de conducta, ni de actitudes. Aparentemente sigue repartiendo valijas repletas de dólares a lo largo y ancho de la región. La última de las que aparecieron salió a la superficie en la convulsionada Bolivia, donde Chávez mueve las piezas por detrás de la escena, con mucho dinero y con la colaboración subordinada de sus propios militares. Esta fue precisamente la ensalada en torno a la que apareció la nueva «valija».
El hecho ocurrió en la localidad de Riberalta, donde -de pronto- aterrizó un avión Hércules con los colores e insignias de la Fuerza Aérea venezolana, que fue retenido por la furibunda población local. Mejor dicho, por una turba alzada contra todo lo que tenga que ver con los «bolivarianos», porque sospechan, no sin algunas razones, qué es efectivamente lo que los militares venezolanos están haciendo con su país, que va camino a transformarse en colonia de Cuba y Venezuela.
Explicación
Los pasajeros de ese avión venezolano sufrieron, de paso, una lamentable golpiza, una más en una sociedad crispada y polarizada hasta el límite. Uno de ellos, Luis Michel Kein Ferrer, que llevaba una valija con casi 900.000 dólares estadounidenses, en efectivo, dijo ser un representante del conocido Banco de Desarrollo de Venezuela (el BANDES). Y sostuvo, al resultar descubierto, que el dinero -contante y sonante- que llevaba en la maleta era «para un préstamo destinado a productores de castañas del Beni», lo que no es nada fácil de digerir y luce simplemente como un embuste más.
Para sorpresa de todos, ahora el diario «La Prensa», de Bolivia, en su última edición dominical, acaba de revelar que ese señor es, en realidad, un militar adscrito a la Dirección de Investigación de la Dirección Sectorial de Inteligencia Militar de Venezuela. Lo que no es ciertamente una sorpresa para quienes seguimos de cerca lo que sucede detrás de nuestra frontera norte.
Pese a esto, hay todavía quienes no creen en el flujo de «valijas» de Chávez, ni en la irrefrenable vocación «bolivariana» por intervenir constantemente en los asuntos internos de terceros Estados. Es como aquello de que «no creo en brujas, pero que las hay, las hay». Lo cierto es que lo de las «valijas» no es un incidente aislado. Es, más bien, un mecanismo que luce como de uso corriente. Lo que agrava enormemente lo que la realidad nos transmite sin descanso.
(*) Ex embajador de la Argentina ante las Naciones Unidas.
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