China finalizó la represa más grande del mundo
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Obra faraónica, erige un muro de hormigón de 185 metros de altura contra las aguas del antiguo Río Azul, creando así una retención de 39.000 millones de metros cúbicos de agua. Para su construcción se utilizaron 27 millones de metros cúbicos de hormigón.
"La presa de las Tres Gargantas es una excelente prueba de lo que los chinos pueden lograr", declaró con satisfacción Cao Guangjing, vicepresidente de la compañía China Yangtze Three Gorges Project Development. "Este proyecto va a inspirar al pueblo chino", aseguró.
"Empecé en 1993, recién salido de la universidad y desde entonces no me he movido de aquí", explicó Wang Zilin, un ingeniero de 43 años de edad. "Es toda mi vida. Incluso conocí a mi mujer aquí", agregó.
La construcción tiene el objetivo de domar las aguas del río más largo del país, el Yangtsé (6.360 km), cuyas crecidas son a menudo mortíferas.
En 1998, una de ellas causó la muerte a más de 1.500 personas y obligó a millones a abandonar sus hogares. En los años 1930, dos inundaciones todavía más importantes se cobraron cada una más de 140.000 vidas.
Al contener las aguas del río más importante, los chinos hacen igualmente realidad el sueño de varias generaciones.
Mao Tsé Tung, fundador de la China comunista, escribió un poema sobre una presa que, un día, "golpearía a la diosa de las Tres Gargantas con los milagros del mundo moderno".
En momentos en que el crecimiento de China parece imparable, la presa tiene igualmente el objetivo de eliminar los temores de escasez energética.
Veintiséis grupos turbo-alternadores producirán cada año 84.700 millones de kilovatios/hora.
Hoy, pese a que la producción todavía está lejos de alcanzar su máximo, la energía fabricada es equivalente a la de la represa de Itaipu, hasta hace poco la mayor central hidroeléctrica del mundo, situada en la frontera de Brasil y Paraguay.
La represa también permitirá a los navíos marinos adentrarse hasta la inmensa metrópoli de Chongqing, de más de 30 millones de habitantes, abriendo así el "Lejano Oeste chino" a un desarrollo económico del que hasta ahora estaba privado debido a su aislamiento.
El proyecto fue sin embargo muy criticado por su impacto en el medio ambiente, el patrimonio arquitectónico y las poblaciones locales. Alrededor de 1,13 millones de personas tuvieron que ser desplazadas, entre ellas comunidades que, a veces, vivían en la región desde hace milenios.
Y parece que las transferencias todavía no han terminado. La organización ecológica Los Amigos de la Tierra estima en "casi dos millones" el número de desplazados "con reinstalaciones (que) se hacen a veces a golpe de porra y de excavadora", según esta ONG que denuncia "violaciones de derechos humanos brutales y masivas".




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