Coincidieron el Papa y Bush en una severa condena al terrorismo
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George W. Bush hizo preparar una torta para celebrar el cumpleaños número 81 del papa Benedicto XVI. Todos le cantaron el «feliz cumpleaños».
Bush añadió: «En un mundo donde algunos ya no creen que se pueda distinguir entre el simple bien y el mal, necesitamos su mensaje de rechazo a esta dictadura del relativismo y abrazar una cultura de la justicia y la verdad».
El Papa pronunció, por su parte, un discurso en el que elogió a Estados Unidos por haber sabido crear un Estado con una fuerte presencia de los valores religiosos, y donde, además, se defiende la libertad de expresar cada uno su fe. Un concepto que también expresó Bush cuando dijo: «En nuestra nación coexisten la fe y la razón», al destacar los esfuerzos del país por erradicar las enfermedades, aliviar la pobreza y promover la paz en «sitios sumidos en la oscuridad de la tiranía y la desesperanza».
Benedicto XVI también alabó la «generosidad» siempre manifestada por Estados Unidos para ayudar a la «familia humana». Estados Unidos se ha mostrado «siempre generoso en salir al encuentro de las necesidades humanas inmediatas, promoviendo el desarrollo y ofreciendo alivio a las víctimas de las catástrofes naturales», afirmó. Pero en lo que se interpretó como una alusión indirecta a la crisis por el plan nuclear iraní, que amenaza con provocar una guerra, el Pontífice comunicó su «esperanza de que esta preocupación por la gran familia humana seguirá manifestándose con el apoyo paciente de la diplomacia internacional, orientado a solucionar conflictos y a promover el progreso». «Así las generaciones futuras podrán vivir en un mundo en el que florezca la verdad, la libertad, la justicia. Un mundo donde la dignidad y los derechos dados por Dios a cada hombre, mujer y niño sean tenidos en consideración protegidos y promovidos eficazmente», añadió.
La guerra en Irak fue uno de los temas que Benedicto XVI y Bush trataron en privado, y expresaron su «común preocupación» por la situación del país árabe y, en particular, «por la precariedad en la que viven los cristianos».
Juan Pablo II se opuso a la invasión de Irak en 2003, pero ahora su posición está orientada a la necesidad de una presencia militar para dar estabilidad y proteger a las minorías cristianas en ese país.
Otro aspecto importante que trataron los dos jefes de Estado fue el de «la situación en Latinoamérica, en referencia, entre otros asuntos, a los inmigrantes, y la necesidad de una política coordinada respecto a la inmigración, especialmente su tratamiento humano y el bienestar de sus familias». La inmigración es la principal preocupación de la mayoría de los aproximadamente 45 millones de latinos que residen en Estados Unidos, comunidad clave para el catolicismo estadounidense.
Tras la reunión con Bush, el Papa celebró su cumpleaños con un almuerzo privado en la nunciatura, en el que participaron los cardenales estadounidenses.
Más tarde el Papa participó de un almuerzo con los obispos estadounidenses, primera ocasión en la que pudo hablar con ellos sobre el escándalo de la pederastia entre sacerdotes, que le costó a la Iglesia un grave descrédito y el pago de indemnizaciones a cientos de víctimas por unos 2.000 millones de dólares. El Papa amonestó a los obispos por su mala gestión en el escándalo de curas pedófilos, pero responsabilizó también a la « ruptura de valores» de la sociedad norteamericana, con la «pornografía y violencia» omnipresentes».



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