Washington - «Los republicanosson buenos para la Bolsa; los demócratas para los bonos.» El tópico, como casi todos los tópicos, es mentira. Según el estudio de los profesores de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) Pedro Santa-Clara y Rosen Vaikinov, entre 1927 y 1998 los inversores obtuvieron más beneficios poniendo su dinero en renta variable -es decir, acciones- que en renta fija -o sea, deuda pública- cuando gobernaban los demócratas. ¿Por qué? Simplemente porque a las pequeñas y medianas industrias ( pymes) les va mejor con ese partido.
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En realidad, demócratas y republicanos están tan divididos desde el punto de vista ideológico, y sufren tales presiones de los diferentes grupos de presión, que es difícil saber qué va a pasar con la política económica de Estados Unidos en los próximos dos años. Además, de aquí a 2008 nadie va a querer tomar una actitud demasiado arriesgada que comprometa sus posibilidades en las presidenciales. Aunque sí hay una serie de líneas de fractura entre George W. Bush y los demócratas del Congreso que va a ser noticia a partir de ahora:
Salarios. Los demócratas quieren elevar el salario mínimo interprofesional de 5,15 dólares brutos a la hora, aunque aún no saben cuánto. Es una medida lógica, porque lleva congelado desde hace nueve años, y en este tiempo la inflación se ha comido tanto poder adquisitivo que hoy esos dólares son, en términos reales, el salario mínimo más bajo en seis décadas. Bush se ha mostrado dispuesto a negociar en ese punto.
Impuestos. Puede ser la madre de todas las peleas. Los demócratas quieren aumentar las exenciones fiscales a las rentas más bajas, a la clase media y a los estudiantes universitarios, que han visto cómo el costo de las matrículas se ha disparado en los últimos seis años. También desean aumentar las desgravaciones a investigación y desarrollo de las empresas. A cambio, quieren dar marcha atrás en las bajas de impuestos a las rentas más altas llevados a cabo por Bush.
Salud. Las acciones de las farmacéuticas bajaron tras las elecciones. La razón es que los demócratas anhelan reforzar los controles a los precios de los medicamentos, que en EE.UU. son muy altos.
Combustibles. Los demócratas van a dar un fuerte empujón al uso de biodiésel. En teoría, eso es por su virtuosa preocupación acerca del calentamiento de la atmósfera y por su deseo de reducir la dependencia energética de EE.UU. de Medio Oriente. En la práctica, porque el etanol en EE.UU. se obtiene del maíz que se cultiva en el Medio Oeste, que ahora parece el campo de batalla decisivo para las presidenciales de 2008. Eso significa más subvenciones al maíz de EE.UU. y más aranceles a la importación de biodiésel de caña de azúcar de Brasil, más barato y menos contaminante. La estrella demócrata del Senado, Barak Obama, es un virtuoso de mezclar medio ambiente, Arabia Saudita y aranceles para que los agricultores de su estado de Illinois vivan tranquilos.
Energía. En 2004, el Congreso aprobó una ley sobre energía que era un regalo de Navidad a las empresas del sector en forma de exenciones fiscales. Los demócratas quieren derogarla en parte. Una tarea virtualmente imposible.
Libre comercio. La oposición hizo, casi sin excepción, una campaña electoral basada en la crítica a la deslocalización de empresas y a la competencia de países de bajos salarios, sobre todo México y China. Así que la apertura comercial lanzada por Bush en los últimos dos años puede darse por terminada. La ronda de negociaciones para la liberalización de los intercambios a nivel global en la Organización Mundial del Comercio (OMC), que estaba en coma desde hace un año, puede considerarse clínicamente muerta desde el martes pasado.
Compensación de directivos. La futura presidenta de la Cámara baja, Nancy Pelosi, y el senador Jack Reed tratarán de apretar las tuercas a las exorbitantes remuneraciones de los directivos estadounidenses, que no sólo crecen más que el salario de los empleados, sino también que el valor en Bolsa de las acciones. Va a ser una tarea difícil. Cuentan con el apoyo de los fondos de pensiones. Pero no pueden enfrentarse a empresas de clara tendencia demócrata.
Privatización de las pensiones. Los demócratas no quieren ni oír de ese asunto. Claro que el presidente Bush lleva dos años hablando de privatizar las pensiones y tampoco ha hecho nada, con lo que no se va a notar la diferencia.
Sistema legal. En EE.UU., la protección al consumidor es más limitada que en Europa. A cambio, los estadounidenses pueden interponer demandas judiciales que les dan derecho a recibir indemnizaciones multimillonarias de las empresas. Los republicanos llevan años queriendo limitar estos «litigios frívolos». Los demócratas tienen una de sus mayores fuentes de financiación en los estudios de abogados especializados en estas denuncias, así que no van a hacer nada para frenarlos.
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