Con la muerte de Fidel cae el último muro del Siglo XX
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Fidel Castro Ruz, el hombre que cambió toda la política latinoamericana en 1959, con su revolución contra la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba. Sobreviviente de mil trances políticos y atentados contra su vida, fue el eje de apasionados debates ideológicos que trascendieron incluso a la Guerra Fría.
A partir de este episodio Fidel ideó fulminar al régimen pronorteamericano con las armas, deseo que tuvo su primer round en el improvisado asalto al cuartel Moncada, en Santiago el 26 de julio de 1953, en coincidencia con el centenario del héroe cubano de la independencia, el poeta José Martí. El combate derivó en un río de sangre por la pérdida de más de 60 de los 135 rebeldes, y en el encarcelamiento de los sobrevivientes, incluido Fidel.
El 16 de octubre de 1953, el letrado de 27 años pudo comparecer en el Hospital Civil Saturnino Lora de Santiago de Cuba luego de tres meses de aislamiento. "La justicia debía estar muy enferma para convocar a ilustres magistrados de tan alto tribunal a trabajar en un cuarto de hospital", sostuvo ante la estrategia del gobierno de mantener el proceso fuera del ojo público. "¿En qué país está viviendo el señor fiscal?", apuntó Fidel -que asumió su propia defensa- al ser acusado de dirigir una "insurrección armada contra el Gobierno constituido". "¿Quién le ha dicho que nosotros hemos promovido un alzamiento contra los poderes constitucionales del Estado? Constitución legítima es aquella que emana directamente del pueblo soberano", expuso.
Su alegato, que se extendió por horas, se convirtió en una denuncia viva sobre la pobreza que carcomía la isla, prestada al antojo de las industrias azucareras y tabacaleras norteamericanas. "De tanta miseria sólo es posible librarse con la muerte; y a eso sí los ayuda el Estado: a morir. El 90% de los niños del campo está devorado por parásitos que se le filtran desde la tierra por las uñas de los pies descalzos", graficó. La sentencia fue de 15 años de reclusión. "Condenadme, no importa. La historia me absolverá", afirmó impávido.
El letargo culminó en 1956, cuando una amnistía general permitió a quienes habían asaltado a la Moncada salir en libertad. Fidel, Raúl y un puñado de correligionarios se exiliaron en México, donde se les unieron Ernesto Guevara y Camilo Cienfuegos. Juntos planificaron el segundo asalto al régimen de Batista: "Si salimos, llegamos. Si llegamos, entramos. Si entramos, venceremos", afirmó Fidel antes de embarcarse en el yate Granma (abreviación de "abuela", en inglés) junto con otros 82 hombres el 25 de noviembre 1956.
El entusiasmo chocó con la dura resistencia del ejército de Batista, que al parecer había sido advertido por un soplón: de las decenas de revolucionarios que soportaron la dura travesía en mares impetuosos, sólo sobrevivieron 20. "Constituíamos un ejército de sombras, de fantasmas, que caminaban como siguiendo el impulso de un oscuro mecanismo psíquico", rememoraba el Che, años después, sobre sus meses refugiado en Sierra Maestra. Y fue ésa resistencia y la convicción la que nutrió con civiles a una guerrilla, que en tan sólo dos años - exactamente el 31 de diciembre de 1958- forzó la huida de Batista al extranjero.
"La revolución es más verde que las palmas, yo sé que ustedes están inquietos porque piensan que somos comunistas, pero les digo claramente, no somos comunistas", declaró Fidel en abril de 1959 durante la que fue su primera y última visita a Estados Unidos. Pero las sospechas norteamericanas se confirmaron un mes después, cuando el gobierno decretó la Primera Ley de Reforma Agraria, por la que se confiscaron las tierras a cuantiosas empresas internacionales en beneficio del campesinado cubano.
Hacia 1961, y ante la inminencia de la invasión de Bahía Cochinos ordenada por John F. Kennedy, el Comandante asumió al fin ser un convencido "marxista-leninista", una confirmación que dejó a los cubanos frente a dos alternativas: o se embarcaban al experimento rebelde, o recaían en las órdenes de un puñado de apellidos extranjeros. Triunfó la primera opción y dio paso al "comunismo caribeño", o simplemente "el fidelismo".
"Una cosa es segura: esté donde, cuando y con quien esté, Fidel Castro viene a ganar. No creo que haya peor perdedor en todo el mundo", escribió sobre él su amigo Gabriel García Márquez. Según el fallecido escritor colombiano, Fidel "es uno de los mayores idealistas de nuestra época y en eso reside quizá su mayor virtud, aunque también ha sido siempre su mayor peligro".
Y aquella pequeña isla socialista se convirtió pronto en un actor de peso para la política internacional, sobre todo desde que fue escenario de la "crisis de los misiles" en 1962, uno de los puntos álgidos de la Guerra Fría y por el que Estados Unidos sancionó al gobierno de Fidel con el embargo económico que continúa pese al deshielo bilateral anunciado en 2014.
Cuba se mantuvo como una sede en América de la Unión Soviética hasta su caída en 1991, época en la que puso en marcha un "Periodo especial en tiempos de paz", una lista de medidas de austeridad extendidas a lo largo de un lustro que catapultaron gran parte de los éxitos sociales de la revolución. Para entonces Fidel ya llevaba en la cúspide del poder unos 30 años, con una hilera de honores: ostentaba desde 1976 los cargos de jefe del Partido Comunista (PC), jefe del Ejército, jefe de Gobierno y diputado de la Asamblea Nacional. Era el dirigente de una dictadura blanda, y como sucede hoy mismo con su hermano Raúl, contaba con la simpatía de buena parte de la esfera política internacional, aún cuando las denuncias por los atropellos a los derechos humanos y la libre expresión se incrementaban.
El 31 de julio de 2006 los cubanos despertaron con que su líder eterno, aquel cuyas frases ilustran las paredes de los lugares más recónditos de la isla, había sufrido una hemorragia intestinal que lo obligó a delegar el poder en manos de su hermano Raúl. Fue el 19 de febrero de 2008, cuando finalmente anunció que no se postularía para la reelección: "No aspiraré ni aceptaré, repito, no aspiraré ni aceptaré, el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe". Cerró así 49 años de mandato.
"Estaba lejos de imaginar que mi vida se prolongaría otros siete años más", admitió Castro sobre su enfermedad el 13 de agosto de 2013, día de su aniversario 87. "Apenas comprendí que sería definitivo, no vacilé un segundo en proclamar el día 31 que cesaba en mis cargos como presidente de los consejos de Estado y de Ministros", sostuvo en una de sus "Reflexiones", los artículos de opinión que fueron publicados en el diario Granma desde su retiro. Y mientras se mantienen los debates eternos sobre la herencia de la revolución y el fracaso de su modelo económico, en el recuerdo de muchos cubanos aún persiste la imagen de Fidel, vestido con el que se convertiría en su habitual uniforme verde olivo, aquel 8 de enero de 1959, con un par de palomas blancas posadas sobre su hombro.




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