Erbil (AFP) - Quince años después de que el ejército iraquí gaseara a civiles kurdos en la localidad norteña de Halabja, las familias kurdas que podían comenzaron ayer un éxodo y otras se preparaban, con medios insuficientes y obsoletos, para un posible ataque químico, ante la inminencia de una guerra contra Irak. Traumatizadas por el ataque de Halabja, que causó unos 5.000 muertos y cuyo siniestro aniversario del 16 de marzo de 1988 se conmemoró el domingo, las autoridades intentan prepararse con medios prácticamente inexistentes contra un eventual ataque similar.
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«Hay 1,4 millón de habitantes en Erbil, y no hemos recibido ni una sola máscara de gas (de la comunidad internacional). Tampoco tenemos medicamentos para hacer frente a un ataque químico o biológico», explicó Mehdi Joshnaw, asistente del gobernador de Erbil, capital de la zona controlada por el Partido Democrático del Kurdistán (PDK).
Los trajes de protección contra agentes químicos o contra insecticidas que podrían haber servido en esta ocasión fueron prohibidos por el embargo impuesto a Irak desde 1990, y los medios de descontaminación escasean a tal punto que los proporcionados por las ONG sólo permitirían tratar a varios cientos de personas, según la organización no gubernamental sueca Qandil.
«Contra el gas mostaza o los agentes neurotóxicos que traspasan la piel, la máscara por sí sola no bastaría. Una única gota de sarín de 6 mg es mortal. Se necesitaría un traje (NBC, nuclear, biológico, químico) completo», explicó Giorgio Francia, de Qandil. «No tienen nada. Les aconsejamos que corran, que huyan», agregó Francia.
En Shamshamal (sudeste), en zona de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), un responsable local aconsejó a la población que abandone la ciudad y que se refugie en los pueblos.
A lo largo de la mañana, la ruta que une a Shamshamal con Suleimaniyah, más al Este, vio desfilar taxis, tractores y camiones abarrotados de familias que huían con todos sus objetos personales.
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