11 de enero 2008 - 00:00

Consuelo González, víctima de la mayor traición de las FARC

Consuelo González se enteró durante su cautiverio de la muerte de su esposo. Estuvo seis años en poder de los terroristas. Ahora conocerá a su nieta.
Consuelo González se enteró durante su cautiverio de la muerte de su esposo. Estuvo seis años en poder de los terroristas. Ahora conocerá a su nieta.
Bogotá (AFP, EFE) - La ex congresista colombiana Consuelo González pasó los últimos seis años de su vida en manos de las FARC, lapso durante el cual murió su esposo y nació su primera nieta, dos realidades que ahora podrá conocer.

La ex legisladora fue secuestrada el 10 de setiembre de 2001, la víspera del atentado contra las Torres Gemelas, en medio de las negociaciones que el gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana (1998-2002) efectuaba con la guerrilla más grande de Colombia.

El secuestro fue realizado por la columna Teófilo Forero, una suerte de cuerpo elite de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, en una carretera del departamento de Huila (sur).

Ocho combatientes de la «Teófilo Forero» interceptaron el vehículo en el que González se movilizaba entre las poblaciones de Pitalito ( donde residía) y Neiva, capital de Huila, 325 kilómetros al sur de Bogotá.

Luego de capturarla en el sitio conocido como el Puente del Río Neiva, a 30 minutos de la capital de Huila, los rebeldes la trasladaron hacia la zona desmilitarizada por el gobierno de Pastrana para las frustradas negociaciones de paz que se llevaron a cabo con las FARC entre 1999 y 2002, un hecho ampliamente considerado una traición a las conversaciones en curso.

González es una de los seis ex congresistas (la mayoría secuestrados cuando eran miembros activos del Legislativo) que forman parte de los casi 50 cautivos que las FARC pretenden canjear por 500 terroristas presos.

Perteneciente al Partido Liberal, González, de 57 años, fue elegida en 1998 para un segundo período en la Cámara de Representantes.

Las últimas pruebas de vida de la dirigente se remontaban a agosto de 2003, cuando se conoció una carta firmada por ella y otros cuatro políticos secuestrados por las FARC en la que pedían la mediación de la ONU para obtener su libertad.

Dos años después falleció de un infarto su esposo, Jairo Perdomo, político y empresario, quien también había ocupado un escaño en el Congreso.

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