Convulsión social dejó 17 muertos en Bolivia
La ciudad de La Paz vivió ayer una sangrienta jornada, que dejó al menos 17 muertos y más de 70 heridos, tras un estallido cívico-policial en rechazo a un impuesto al salario anunciado por el gobierno boliviano. Al cierre de esta edición, el ejército había recuperado el control del centro de la capital, pero el clima era de total incertidumbre, continuaban los saqueos y el conflicto se había extendido a Santa Cruz de la Sierra y a Cochabamba. La situación descontrolada, que incluyó cacerolazos y la quema de la sede de la Vicepresidencia, obligó al presidente, Gonzalo Sánchez de Lozada, a dar marcha atrás con el gravamen de 12,5% a los salarios negociado con el FMI. La Central Obrera convocó hoy a un paro nacional.
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Un motín de unidades policiales demandó ayer la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y causó enfrentamientos entre el ejército y la policía que dejaron, al cierre de esta edición, un saldo de al menos 17 muertos y más de 70 heridos.
A dos cuadras de allí, las instalaciones del Ministerio de Trabajo también eran presa del fuego y la documentación y parte del mobiliario, quemados en enormes piras.
La sede del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), del ex presidente socialdemócrata Jaime Paz Zamora (1989-93), aliado de Sánchez de Lozada, también estaba en llamas, al igual que las del cogobernante Unidad Cívica Solidaridad (UCS).
La turba intentó también asaltar la Casa Rosada, sede del partido de Sánchez de Lozada, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).
El hospital público de La Paz reportó nueve policías muertos de bala y al menos medio centenar de heridos. También confirmó la muerte de al menos un civil. Otros dos cuerpos de policías muertos en la sangrienta refriega eran velados anoche en el cuartel de la fuerza antimotines, donde el comandante de la policía, general Edgar Pardo, lloró ante los cadáveres y en una mezcla de protesta e impotencia se arrancó el uniforme y prometió a sus subordinados que «tendrán todo lo que necesitan».
«No existen palabras para expresar el más profundo sentimiento de dolor que embarga a todos los miembros de la institución del orden», sostuvo Pardo, quien dispuso el repliegue. Sin embargo, al entrevistarse con los policías amotinados para negociar el pedido de un incremento de 40% en sus salarios, Pardo decidió sacarse su uniforme de policía como expresión de apoyo a sus camaradas.
• Venganza
Los policías amotinados le pidieron a Pardo más balas y armas para «vengar» a sus camaradas caídos en la «batalla» con los militares y también exigieron la renuncia del ministro de Gobierno (Interior), Alberto Gasser.
Informes de la clínica militar, en la barriada de Miraflores, dieron cuenta de dos efectivos del ejército muertos en los cruentos enfrentamientos desarrollados en la plaza de armas de La Paz durante más de cinco horas. El hospital policial y la clínica pública capitalina se atiborraban de heridos en medio de desesperados llamados de los médicos a donantes de sangre y pedidos de utensilios médicos.




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