Cuatro exmandatarios definen las presidenciales de Chile, Colombia, Uruguay y Brasil
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De acuerdo a la medición de Colombia Opina, hoy Uribe tiene 54% de aprobación mientras que Santos sólo puede lucir 47% y, para empeorarla, 48% de imagen negativa. Será todo un desafío para el actual mandatario remontar esa cuesta, sobre todo cuando lo que más empuja su consenso hacia abajo es (además de la economía) la inseguridad y el regreso de la amenaza narco-guerrillera (dos de las batallas ganadas por Uribe), en momentos que busca una paz definitiva con las FARC (en reuniones en Cuba) y es uno de los 259 aspirantes al premio Nobel de la Paz.
URUGUAY En Uruguay, un Pepe Mujica que añora volver a su chacra (y olvidarse del vecindario) siente que la sombra de su predecesor y correligionario en el centroizquierdista Frente Amplio, Tabaré Vazquez (2005-2010), es no sólo el precandidato presidencial con mayor intención de voto, sino un asiduo convidado de piedra a sus reuniones de gabinete. La consultora Cifra midió en marzo que si las elecciones fueran hoy, el Frente Amplio obtendría el 42%, el Partido Nacional el 25%, y el Colorado 16%. Aunque Uruguay debe pasar aún por las primarias para definir los presidenciables, Tabaré es el político más popular de Uruguay, con 63% de consenso, 13 puntos más que Mujica (50%) y 15 más que el siguiente político más popular, el vicepresidente Danilo Astori (48 %).
Pero la sombra de Tabaré en el gabinete de Mujica se hace más potente que nunca frente a las desavenencias internas que muestra el equipo de Gobierno. Sin duda, la carta más fuerte del ex presidente es el vicepresidente Danilo Astori (alineado con Vázquez) y su impronta sobre la economía. Una encuesta de Cifra de abril mostró que el 54% de los uruguayos prefiere la economía "astorista" y sólo un 11% la "mujiquista". Según el semanario Búsqueda, Vázquez habría puesto como condición para postularse que Mujica no modificase el rumbo económico.
BRASIL En Brasil, la cosa no es tan simple para Dilma Rousseff. En febrero lanzó su campaña por la reelección, adelantando en casi un año su repostulación. Está bien que los tiempos de desencanto económico ya están corriendo en Brasil (una inflación que quiere escaparse, un índice de PBI que no se ajusta con los pronósticos, una merma de la demanda china en commodities) pero el apuro de la presidenta se debió más a asegurarse el apoyo de Lula, que a otra cosa. Es que es justamente Lula, el campeón de la década del boom económico y promoción social en Brasil, quien mejor puede ayudar a invocar el inconsciente de "o melhor do mundo" a un electorado que ante un freno en la economía puede empezar a molestarse.
Pero así como Dilma adelantó las agujas del reloj de la campaña presidencial, así también lo hicieron los otros presidenciables. Si bien en la última encuesta de DataFolha, la presidente tiene 58% de aprobación, seguida por la "verde" Marina Silva (partido Rede) con 16% y el tucano (PSDB, social democracia) Aecio Neves con 10%, quizás a quien más le tema es a Eduardo Campos, del Partido Socialista, quien aún con una medición temprana de 6% es quien le puede arrebatar los decisivos votos del Nordeste. Campos es el actual gobernador de Pernambuco y la promesa "joven" en el escenario político brasileño.
Al igual que en el caso de Marco Enríquez en Chile, el brasileño Campos, que hace una semana soltó amarras con el oficialismo, ya le marca a Dilma la cancha por izquierda. Si a eso se le agrega que su piedra de salvación es Lula -y el aparato del PT en su purismo más laborista de centro-izquierda-, la compañía del ex mandatario puede convertirse también en un lastre para Rousseff. No sólo en lo ideológico y económico sino también en lo judicial. Porque aun cuando existiría un compromiso de Dilma para no avanzar en la causa del mensalao sobre Lula, ésta se ha ido de madre y podría hundir al ex presidente, hoy por hoy todavía una tabla de salvación electoral de Rousseff.




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