Cuatro exmandatarios definen las presidenciales de Chile, Colombia, Uruguay y Brasil

Mundo

Es difícil de clasificar, pero una atmósfera entre fin de fiesta, lame-duck y regreso de los "muertos vivos" acecha a cuatro países de Unasur. Simple: entre fines de este año y el cierre del próximo, habrá elecciones presidenciales en Chile (noviembre 2013), Colombia (mayo 2014), Brasil y Uruguay (ambos en octubre 2014) En todos los casos, la sombra o presencia real de un ex presidente acecha la carrera presidencial y obliga a reformular el posicionamiento de campaña de los candidatos.  

CHILE La ex mandataria Michelle Bachelet (2006-2010) dejó el cargo en marzo de 2010, con el índice de aprobación más alto en la historia de Chile (encuesta Adimark de abril de 2010 le dio 88,5% de aprobación). Un guarismo casi celestial, sobre todo cuando el fin de su administración venía marcada con la tragedia del terrible terremoto y posterior tsunami de febrero de ese año. 

Hasta marzo de 2013, Bachelet fue una exilada en Nueva York, imponiéndose un auto-ostracismo ante la política interna chilena. En esa ciudad estadounidense, la dirigente socialista se hizo cargo durante tres años de la secretaria-general de la Mujer en Naciones Unidas. Pero su vuelta a Chile trajo consigo dos marcas importantes: por un lado, una obviedad, como es la corporización de esa leyenda viviente pero silenciosa que haciendo la plancha política en la Gran Manzana, siguió reteniendo la punta en las encuestas. Bachelet midió, según el sondeo de abril de la Universidad Diego Portales, una intención de voto de 43%, casi cinco veces más que el precandidato apoyado por la centroderechista UDI, Laurence Golborne (8,8%). En tercer lugar, casi empatados, figuran el precandidato por Renovación Nacional (RN), Andrés Allamand (5,8%) y el candidato del centroizquierda Partido Progresista (PRO), Marco Enríquez-Ominami (5,5%). 

La otra marca no la trae Bachelet, ni se la impone su coalición de centroizquierda con el PPD y la Democracia Cristiana o eventualmente el Partido Comunista. La otra marca se la impone el presidenciable "díscolo", Marco Enríquez Ominami, que desde que relanzó su candidatura (en 2009 se convirtió en la sorpresiva cuña que dividió al electorado, obteniendo en primera vuelta el 20% de los votos) ha obligado a Bachelet a corregir su discurso por izquierda. Dos ejemplos: apenas regresada a suelo chileno, Bachelet prometió una reforma universitaria que daría gratuidad a casi todo el alumnado. Ante la presión del discurso de Marco Enríquez (y la calle, y las encuestas), puso el guiño para girar a la izquierda y ahora habla de una universidad gratuita universal.  

En el mismo sentido, la candidata socialista propuso ahora una reforma constitucional, en la que se eliminaría el sistema binominal, se incluiría el voto de chilenos en el exterior (medio millón vive en Argentina) y la reducción de los quórum para la aprobación de ciertas leyes. Muy semejante a la propuesta de reforma del PRO chileno, que a su vez viene abrevando en correcciones constitucionales inspiradas en el progresismo europeo. 

COLOMBIA En Colombia, el presidente Juan Manuel Santos se bate a duelo ininterrumpidamente con la sombra de su predecesor, Alvaro Uribe (2002-2010), un fantasma de "corporización" bien consistente a partir de sus recurrentes apariciones contestatarias desde la trinchera opositora en la que se ubicó en 2011. 

De acuerdo a la medición de Colombia Opina, hoy Uribe tiene 54% de aprobación mientras que Santos sólo puede lucir 47% y, para empeorarla, 48% de imagen negativa. Será todo un desafío para el actual mandatario remontar esa cuesta, sobre todo cuando lo que más empuja su consenso hacia abajo es (además de la economía) la inseguridad y el regreso de la amenaza narco-guerrillera (dos de las batallas ganadas por Uribe), en momentos que busca una paz definitiva con las FARC (en reuniones en Cuba) y es uno de los 259 aspirantes al premio Nobel de la Paz.  

URUGUAY En Uruguay, un Pepe Mujica que añora volver a su chacra (y olvidarse del vecindario) siente que la sombra de su predecesor y correligionario en el centroizquierdista Frente Amplio, Tabaré Vazquez (2005-2010), es no sólo el precandidato presidencial con mayor intención de voto, sino un asiduo convidado de piedra a sus reuniones de gabinete. La consultora Cifra midió en marzo que si las elecciones fueran hoy, el Frente Amplio obtendría el 42%, el Partido Nacional el 25%, y el Colorado 16%. Aunque Uruguay debe pasar aún por las primarias para definir los presidenciables, Tabaré es el político más popular de Uruguay, con 63% de consenso, 13 puntos más que Mujica (50%) y 15 más que el siguiente político más popular, el vicepresidente Danilo Astori (48 %). 

Pero la sombra de Tabaré en el gabinete de Mujica se hace más potente que nunca frente a las desavenencias internas que muestra el equipo de Gobierno. Sin duda, la carta más fuerte del ex presidente es el vicepresidente Danilo Astori (alineado con Vázquez) y su impronta sobre la economía. Una encuesta de Cifra de abril mostró que el 54% de los uruguayos prefiere la economía "astorista" y sólo un 11% la "mujiquista". Según el semanario Búsqueda, Vázquez habría puesto como condición para postularse que Mujica no modificase el rumbo económico.  

BRASIL En Brasil, la cosa no es tan simple para Dilma Rousseff. En febrero lanzó su campaña por la reelección, adelantando en casi un año su repostulación. Está bien que los tiempos de desencanto económico ya están corriendo en Brasil (una inflación que quiere escaparse, un índice de PBI que no se ajusta con los pronósticos, una merma de la demanda china en commodities) pero el apuro de la presidenta se debió más a asegurarse el apoyo de Lula, que a otra cosa. Es que es justamente Lula, el campeón de la década del boom económico y promoción social en Brasil, quien mejor puede ayudar a invocar el inconsciente de "o melhor do mundo" a un electorado que ante un freno en la economía puede empezar a molestarse.  

Pero así como Dilma adelantó las agujas del reloj de la campaña presidencial, así también lo hicieron los otros presidenciables. Si bien en la última encuesta de DataFolha, la presidente tiene 58% de aprobación, seguida por la "verde" Marina Silva (partido Rede) con 16% y el tucano (PSDB, social democracia) Aecio Neves con 10%, quizás a quien más le tema es a Eduardo Campos, del Partido Socialista, quien aún con una medición temprana de 6% es quien le puede arrebatar los decisivos votos del Nordeste. Campos es el actual gobernador de Pernambuco y la promesa "joven" en el escenario político brasileño. 

Al igual que en el caso de Marco Enríquez en Chile, el brasileño Campos, que hace una semana soltó amarras con el oficialismo, ya le marca a Dilma la cancha por izquierda. Si a eso se le agrega que su piedra de salvación es Lula -y el aparato del PT en su purismo más laborista de centro-izquierda-, la compañía del ex mandatario puede convertirse también en un lastre para Rousseff. No sólo en lo ideológico y económico sino también en lo judicial. Porque aun cuando existiría un compromiso de Dilma para no avanzar en la causa del mensalao sobre Lula, ésta se ha ido de madre y podría hundir al ex presidente, hoy por hoy todavía una tabla de salvación electoral de Rousseff.

Dejá tu comentario