La reunión entre Barack Obama y Dmitri Medvedev en la Casa Blanca incluyó un "break" para el almuerzo, que el presidente de Estados Unidos aprovechó para llevar a su colega ruso a un local de hamburguesas en la vecina Arlington, Virginia, donde compartieron hasta papas fritas.
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Tras un recorrido de apenas seis minutos en la caravana presidencial, Obama y Medvedev se quitaron los sacos cuando llegaron al Ray's Hell Burger y ambos pidieron hamburguesas con queso, aunque el presidente solicitó un agregado de salsa picante.
Obama y Medvedev compartieron mesa en mangas de camisa, comieron sus hamburguesas y conversaron, con la ayuda de los traductores, que se sentaron en una mesa contigua y debían inclinarse para poder escuchar la charla.
El local fue invadido por una fuerte escolta de seguridad, pero -de todas maneras- los dos presidentes estuvieron acompañados, a distancia prudente, por otros comensales que los saludaron con gritos y aplausos.
La oficina de prensa no reveló quién pagó la cuenta ni el costo de la comida, pero sí informó que ambos compartieron las patatas fritas, que Obama acompañó su sandwich con un té frío y Medvedev prefirió una gaseosa cola.
Para comentaristas locales no pasó desapercibido el gesto "casual" pero de fuerte contenido político de Obama, quien mantiene una buena relación personal con Medvedev.
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