19 de octubre 2005 - 00:00

Del poder absoluto al rechazo unánime

Bagdad (AFP, EFE, Reuters, ANSA, LF) - Además de un dictador sangriento, Saddam Hussein fue en su apogeo jefe todopoderoso de Irak y un defensor del panarabismo, antes de convertirse, tras la invasión de su país y la caída de su régimen, en un paria.

El culto de la personalidad en torno al «gran dirigente», que era presentado como una síntesis de Saladino y del legendario Nabucodonosor, terminó con su poco honrosa captura por tropas estadounidenses, en un hueco al norte de Bagdad, el 13 de diciembre de 2003, tras una persecución de ocho meses.

El 9 de abril de 2003, el régimen del hombre que prometió «morir en Irak y preservar el honor del pueblo», cayó con la entrada de las tropas estadounidenses en la capital iraquí y la desbandada de su ejército.

Saddam, de 68 años, entró entonces en la clandestinidad. Sus estatuas fueron derribadas y sus retratos destrozados, tanto por las tropas internacionales como por enfurecidos iraquíes. Sus hijos Qussai y Udai, déspotas como él, cayeron muertos tres meses más tarde en un ataque de las fuerzas de ocupación contra su escondite del norte del país. Su esposa y sus hijas huyeron al extranjero.

Tras su captura, el ex dictador estuvo detenido en lugares no precisados de Irak, antes de ser transferido a una prisión en una de las más grandes bases norteamericanas del país, cerca del aeropuerto de Bagdad, donde fue alojado junto con 11 de sus colaboradores más cercanos.

Con el juicio que comenzará hoy, Saddam se convertirá en el primer jefe de Estado árabe en ser juzgado en su propio país por crímenes cometidos contra su pueblo.


Sin embargo, su figura aún inspira miedo, debido a sus numerosos partidarios que siguen en libertad y a la rebelión que se nutre de combatientes en la comunidad sunnita, a la que pertenece. Pero, ¿cuál es su historia personal, la que fue fraguando el monstruo que tiranizó a Irak?

Nacido el 28 de abril de 1937 en Awja, en la región de Tikrit, al norte de Bagdad, en una familia campesina, Saddam Hussein tuvo una infancia difícil. Tras quedar huérfano de padre a los nueve años, fue criado por un tío que lo envió a estudiar a Bagdad.

• Intento de asesinato

En 1959, se dio a conocer al intentar asesinar al presidente Abdel Karim Qassem. Herido en una pierna, huyó al extranjero para volver cuatro años más tarde, antes de ser detenido en 1964. Poco después, se escapó de la prisión para reanudar su acción clandestina por cuenta del partido Baath.

En 1968, participó en el golpe de Estado que llevó al Baath al poder y que fue el inicio del ascenso que lo convertiría en el hombre fuerte del régimen del presidente
Ahmad Hassan al-Bakr. Secretario general adjunto del Baath, en 1969 se convirtió en vicepresidente del Consejo de Mando de la Revolución (CCR), la más alta instancia del régimen, y no cesó de reforzar su poder.

Elevado finalmente al rango de número uno, el 16 de julio de 1979, acumuló el puesto de jefe de Estado, secretario general del partido, presidente del CCR y jefe supremo del ejército. Desde el lujo de sus palacios, no toleró ninguna disidencia, multiplicando las purgas y enviando a sus oponentes al exilio o al cementerio.

Saddam Hussein, que libró de 1980 a 1988 una sangrienta guerra contra Irán y fue derrotado en la guerra del Golfo, dominaba el arte de la supervivencia. Ni siquiera los misiles que llovieron sobre su país en los años '90 le impidieron cantar victoria, mientras su pueblo sucumbía bajo los efectos del embargo decidido por la ONU para contener las ansias expansionistas de su régimen.

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