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Los senadores
Barack Obama
y Hillary
Clinton,
principales
cartas demócratas
para las
próximas
presidenciales.
Ambos prometieron
sólo
uniones civiles
para los
homosexuales
en caso de
llegar al poder.
Pero, en esos comicios, la jefa de campaña del vicepresidente Dick Cheney era su hija, Mary, que lleva 15 años viviendo con la ex guardabosques Hewather Poe y que el 23 de mayo dio a luz a su hijo Samuel David Cheney, concebido, obviamente, por inseminación artificial. Así que, una vez ganada la reelección, Bush dejó la cuestión gay en el cajón de promesas incumplidas, para furia del ala evangélica de su partido.
Eso deja al demócrata como el único partido rosa. Pero es un apoyo muy matizado. La mejor muestra de ello tuvo lugar el jueves, en un encuentro entre los candidatos de esa formación y líderes de la comunidad homosexual de EE.UU. coordinado por Human Rights Campaign y el canal de televisión LOGO.
Los tres aspirantes con posibilidades de convertirseen candidatos a la Casa Blanca -Hillary Clinton, Barack Obama y John Edwards- defendieron las uniones civiles, pero se opusieron al matrimonio homosexual alegando criterios semánticos.
Clinton señaló que su oposición es de índole «personal», mientras que Edwards recurrió a su «religión».
Obama fue el único que articuló una respuesta clara, al señalar que todo se trata de una estrategia política. El senador por Illinois dijo que él no habría apoyado que el movimiento de los derechos civiles que terminó en los 50 y 60 con la discriminación racial en Estados Unidos hubiera empezado sus movilizaciones oponiéndose a las leyes que prohibían los matrimonios interraciales. Y añadió: «Deberíamos tratar de desenmarañar lo que ha sido históricamente la cuestión de la palabra 'matrimonio', que tiene una connotación religiosa para algunas personas, de los derechos civiles que se dan a las parejas».
Desde que Holanda legalizó el matrimonio entre homosexuales en 2003, otros cuatro países -Bélgica, España, Canadá y Sudáfrica- han adoptado esa medida. En Estados Unidos, Massachusetts es el único estado en el que el matrimonio homosexual es legal.
Además, hay varios estados en los que los homosexuales tienen diversos tipos de uniones que les dan derechos y obligaciones similares a los de las parejas casadas. Pero eso no significa que en la práctica la unión entre gays sea similar al matrimonio, puesto que, por ejemplo, de cara al tramo nacional del IRPF -que en EE.UU. beneficia a las personas casadas- esas uniones no tienen validez.
Lo mismo sucede con los funcionarios de la administración federal homosexuales. Un problema que eluden los empleados del sector privado, ya que cada vez más empresas conceden a las parejas gays los mismos derechos de planes de pensiones y asistencia sanitaria -algo muy importante en un país en el que apenas hay Estado de Bienestar- que a las casadas. Al final, va a ser el mercado, y no los políticos, quien iguale a las uniones homosexuales y a los matrimonios en EE.UU.




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