21 de octubre 2003 - 00:00

Desempleo complica ya la reelección de Bush

Washington - Afortunado es el presidente que sale de su recesión de manera temprana. Richard M. Nixon y Ronald Reagan presidieron sobre agudas depresiones económicas en sus primeros mandatos, pero pudieron señalar uno o dos años de declinaciones en el desempleo para cuando enfrentaron a los votantes de nuevo.

Ambos se postularon a la reelección, en 1972 y 1984, respectivamente. Jimmy Carter, en 1980, y George Bush padre, en 1992, se vieron agobiados por tasas de desempleo que alcanzaron su clímax apenas meses antes del Día de la Elección, y fueron sacados de la Casa Blanca, aun cuando, en el caso de Bush, la economía general se estaba recuperando bien.

Para el actual presidente George W. Bush, un aplicado estudiante de lo que sucedió a su padre, las perspectivas de reelección radican en grado sustancial en si los males económicos de sus primeros tres años en el cargo dan paso con bastante rapidez a una palpable sensación de que la prosperidad ha regresado, o lo hará pronto.

Después de una recesión, un período largo de debilidad y creciente preocupación por déficit presupuestario y comercial en aumento, la economía parece que está engranándose de nuevo, un poco más de un año antes del Día de la Elección.

La semana pasada, la confianza del consumidor repuntó, las nuevas solicitudes de seguro de desempleo bajaron, la construcción de vivienda aumentó y la producción industrial se incrementó. Los precios de las acciones oscilaron cerca de sus niveles más altos en 16 meses. Analistas aumentaron sus estimaciones del crecimiento económico durante el verano y en los tres últimos meses del año.

Las estadísticas son una cosa; la percepción del votante, otra.
Esa percepción toma forma más que nada por los empleos, o la falta de ellos. Desafiando los patrones tradicionales, esta recuperación aún no ha generado un mejoramiento sostenido del empleo, después de dos años y medio de pérdidas constantes: 2,8 millones de empleos, como señalan los demócratas en cada oportunidad, el peor récord desde Herbert Hoover.

Entre miembros de ambos partidos hay una fuerte sensación de que la fortuna política de Bush pudiera cambiar en gran medida si el mercado laboral finalmente empieza a mostrar marcadas ganancias en los próximos 9 o 12 meses, una cuestión en torno a la cual siguen divididos los economistas.

Hay signos positivos. La economía sumó 57.000 empleos en setiembre, la primera ganancia después de nueve meses de pérdidas. La tasa de desempleo declinó lentamente desde un nivel máximo de 6,4% en junio, y aunque el nivel actual de 6,1% está dos puntos porcentuales por arriba de donde estaba cuando Bush asumió la presidencia, sigue siendo relativamente baja para los estándares de los años '70 y '80.

Dado lo poco que puede afectar el empleo entre este momento y el Día de la Elección, Bush se encuentra entre aquellos presidentes que se han enfrentado con el desafío de poner su mejor cara a la economía sin parecer desvinculado de la angustia y, en algunos casos, el sufrimiento que ésta ha generado entre los trabajadores.

Suponiendo que la economía permanezca en un área gris entre un fuerte crecimiento del empleo y una renovada depresión, los asesores de Bush dicen que pretende apegarse al mensaje que ha estado tratando de transmitir en los últimos meses:
al reducir impuestos emprendió una acción decisiva, ante una serie de fuerzas negativas más allá de su control, para contrarrestar una depresión que estaba fraguándose antes de que él asumiera la presidencia.

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