Desempleo complica ya la reelección de Bush
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Las estadísticas son una cosa; la percepción del votante, otra. Esa percepción toma forma más que nada por los empleos, o la falta de ellos. Desafiando los patrones tradicionales, esta recuperación aún no ha generado un mejoramiento sostenido del empleo, después de dos años y medio de pérdidas constantes: 2,8 millones de empleos, como señalan los demócratas en cada oportunidad, el peor récord desde Herbert Hoover.
Hay signos positivos. La economía sumó 57.000 empleos en setiembre, la primera ganancia después de nueve meses de pérdidas. La tasa de desempleo declinó lentamente desde un nivel máximo de 6,4% en junio, y aunque el nivel actual de 6,1% está dos puntos porcentuales por arriba de donde estaba cuando Bush asumió la presidencia, sigue siendo relativamente baja para los estándares de los años '70 y '80.
Dado lo poco que puede afectar el empleo entre este momento y el Día de la Elección, Bush se encuentra entre aquellos presidentes que se han enfrentado con el desafío de poner su mejor cara a la economía sin parecer desvinculado de la angustia y, en algunos casos, el sufrimiento que ésta ha generado entre los trabajadores.
Suponiendo que la economía permanezca en un área gris entre un fuerte crecimiento del empleo y una renovada depresión, los asesores de Bush dicen que pretende apegarse al mensaje que ha estado tratando de transmitir en los últimos meses: al reducir impuestos emprendió una acción decisiva, ante una serie de fuerzas negativas más allá de su control, para contrarrestar una depresión que estaba fraguándose antes de que él asumiera la presidencia.




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