A miles de kilómetros de distancia, dos casos de difícil tratamiento ponen en discusión cuestiones éticas. Tanto en Chile como en Gran Bretaña, las sociedades están divididas e inmersas en una profunda discusión. La revelación de un secreto de confesión, en este caso de un crimen, genera un debate que va más allá de la Iglesia. Por otro lado, los avances de la ciencia dejan serios interrogantes.
Concepción, Chile - Jorge Matute Johns había sido visto por última vez el 20 de noviembre de 1999, en una discoteca de Concepción, la segunda ciudad chilena, a 500 kilómetros al sur de Santiago. Su desaparición conmovió a todo Chile ya que desde un comienzo distintas versiones implicaban a personajes influyentes de la región. La familia emprendió, entonces, una campaña mediática, realizó actos, publicó fotos en Internet, y nunca se resignó a darlo por muerto. El lunes, ante el estupor de los familiares del joven desaparecido que asistían a la misa en memoria de Matute, el cura que pronunciaba el sermón contó lo que le habían confesado: «La familia tiene que aceptar que su hijo murió aquella noche. No lo van a devolver, no lo van a entregar, porque la corrupción, la cobardía, es parte de un sistema que instaura poder en nuestro país», dijo el sacerdote dando a entender algo que luego reconocería. «Me duele mi responsabilidad sacerdotal por guardar un secreto de confesión y eso me obliga a no denunciar a los que secuestraron a un muerto», aclaró San Martín.
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Tras insistir en la muerte del universitario, el sacerdote Andrés San Martín aseguró que su cuerpo nunca será encontrado «porque han edificado, han elevado murallas» sobre su sepultura. La madre cayó desvanecida y cuando terminó la misa se desató un debate álgido: ¿había violado el sacerdote el secreto de confesión?
El religioso se reservó, sin embargo, el lugar donde se encontraría sepultado el cadáver de Jorge Matute Johns.
La desaparición del joven, que cuando se perdió su rastro tenía 24 años y cursaba Ingeniería Forestal, es uno de los enigmas policiales más impactantes de los últimos años en Chile. Los dichos del cura San Martín provocaron un remezón en la jerarquía de la Iglesia Católica chilena, cuyas máximas autoridades rechazaron su actitud.
El arzobispo de Concepción, Antonio Moreno, advirtió que el sacerdote fue «imprudente», aunque descartó que haya violado el secreto de confesión. Moreno informó que el padre San Martín fue amonestado «verbalmente» por sus revelaciones y atribuyó su imprudencia a su «falta de costumbre con los medios de comunicación» que siguen de cerca el caso.
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